La Plaza de las Siete Colinas

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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Dafnée Moreau el Mar Ago 25, 2009 4:43 pm

El violín es su puerta al paraíso, y con cada acorde que toca lo traspasa para viajar a través de las nubes de su imaginación y sumergirse en las profundidades de un mar demasiado oscuro, iluminado solo por la luz espectral de su mente. Al contrario que cualquier océano real, cuando se dejaba hundir en ése era cuando, por fin, podía respirar en paz.

...y era cuando salía a la superficie, cuando por desgracia sus dedos dejaban de pulsar las cuerdas para elevar el sonido a una hechizante magia, cuando sentía un dolor agónico, justo en el pecho. Y además era real, tan real... más de lo que cualquiera es capaz de imaginar, y un dolor que a su vez oculta demasiadas cosas. Baja lentamente los brazos para apoyar el negro violín en sus muslos. Sus manos tiritan levemente y aferran el instrumento con el mimo de una madre a su primogénito recién nacido. Cabizbaja y protegida por su mar de asalvajado cabello ígneo, suspira largamente, y solo sus labios entreabiertos delatan sus inaudibles jadeos. Se siente débil. ¿Puede ser que se trate de esa debilidad...?

Sonríe con cierta amargura. No. Su música es la cura para ello, en general su arte... pero no puede dejar de pensar, divagar, extendiendo sus pensamientos en el prado de meditación y fragilidad que le queda siempre tras salir de su ensueño, que últimamente había dejado de ser la solitaria gata callejera. Que había establecido vínculos y, algunos de ellos, fugaces pero lo bastante intensos para ser recordados. Sesga su sonrisa casi con ironía, aunque inconscientemente algo de todo eso la aterra. ¿Cuál sería el próximo...?

El destino le da la respuesta como si se lo susurrara con palabras dulces. Algo, una intuición, un escalofrío en la espina dorsal, la lleva a enderezarse con gestos lánguidos, antes de mirar con cierta sutileza hacia un extremo de la plaza. Allí, donde un hombre permanece en apariencia sereno, dibujando algo y contemplándola a ella.

Le basta una mirada con esos ojos enigmáticos y agudos, poseedores de cierta inocencia, para saber que aquel desconocido acaba de viajar al mismo mundo del que ella ha regresado.

Hay algo más, quizá cosas que puede ver a través de sus pupilas gracias a un don, pero eso tal vez sea solo una impresión... se da cuenta de que le está mirando largamente y, en un momento dado, cuando sus miradas se cruzan, sonríe dulcemente antes de devolver la mirada al violín y sus cuerdas. Una conexión sencilla, breve y cortés entre dos desconocidos, pero viniendo de ella... inexplicable.
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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Cyrus Ross el Miér Ago 26, 2009 11:33 pm

Sigue dibujandola, como si fuese una musa repentina, el resto se ha evaporado, y la luz del sol ejerce de foco sobre su blanquecina piel, iluminándola y exponiéndosela como una necesidad a plasmar sobre papel. Va modelando la figura segun los movimientos de ella, describiendo esas curvas de fantasía de las que es poseedora con el carbonzillo a una velocidad más rápida de lo normal, como si esa figura tan irreal y etérea que bien podría ser fruto de su imaginación, pudiese desaparecer de un momento a otro.

Sus ojos se debaten entre controlar lo que sus dedos trazan o la chica que toca al otro lado de la placeta. Teme equivocarse, pero por otra parte no puede apartar su mirada de ella. Una danza que lo mantiene hipnotizado, acompañado por una música que cree haber sido la causante de despertar los recuerdos olvidados. Una parte de su mente sigue fija, grabando en su retina a la pelirroja mientras la otra se centra en tener una prueba de lo que esta capta. Demasiado frenético de haber encontrado inspiración tras tantos meses dibujando simples personajes carentes del carisma, la belleza y el misticismo que la violinista destila con cada nota musical.

En una de esas veces, cuando alza la mirada del papel hacia ella, se topa con sus ojos. Algo hechizante hay en ellos, y pese a eso su faceta construído por mentiras lo obliga a sacar su lado galante y mujeriego a la luz, sonriendole a su vez, pese a que no se le haya escapado el matiz de la de ella. Sonrisas que atrapan.

El simple título, le obliga a girar la hoja, y en una nueva describir el fugaz recuerdo de la de la chica, hacendo incapié en los detalles y dejándose guiar por el sentimiento que le ha despertado, transmitiendo en uno de sus dibujos parte de él, como hacía tanto tiempo que no le pasaba... Centrado en la tarea que se trae entre manos, no contempla la posibilidad de acercarse, pues una parte de su mente que lo llama loco, ha aceptado que es otro sueño deseoso de cumplir con sus necesidades artísticas, pese a que el lado de su fachada irrumpe a bocajarro queriendo hacer de aquella muchacha una víctima más de el frenético juego que es su vida.



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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Dafnée Moreau el Jue Ago 27, 2009 12:03 am

La dama del violín toca por todos y para todos, pero de algún modo algo tienen sus gestos, cuando termina una vez más de arreglar las cuerdas y se lleva el instrumento al hombro, que hace pensar que su siguiente composición se la dedica exclusivamente al artista de los dibujos. Nada lo delata a simple vista: ni sus suaves gestos, ni sus ojos prendidos en las puertas del Edén de ensueño que se dispone a visitar de nuevo, ni su sonrisa, habiendo desaparecido para verse sustituída por un gesto de inexplicable melancolía... y, sin embargo, es lo que parece. Como si el intercambio de sonrisas de antes hubiese tenido la virtud de enlazar algo.

Entonces cierra los ojos. Un instante de silencio, un efímero remanso de paz, es lo que supone el que de nuevo comience a pulsar las cuerdas del violín. La lenta y fluída melodía es indescriptible, triste y nostálgica pero a la vez cargada de gran sentimiento. Inspira demasiadas emociones a la vez.

El flujo del tiempo se detiene y el escenario de la plaza se convierte en una de esas pinturas etérnamente inmortalizadas en alguna era indefinida. Muchos oyentes se detienen a escuchar, algunos lanzan monedas al plato que descansa junto a ella, otros hacen oídos sordos a su música resultando ser más hipersensibles a sus sensuales curvas. Ella ignora todo eso, solo existe la música.

Parece que esa canción ha exigido una porción demasiado grande de su alma. Cuando finaliza, se queda unos segundos en la misma posición y luego baja los tiritantes brazos en un gesto lánguido, casi dejándolos caer. Cruza las piernas y apoya el violín sobre los muslos, cabizbaja. El velo incandescente de su cabello no deja ver mucho de su rostro indescifrable, perdido en la nada, casi aburrido... pero un observador avispado se habrá percatado del brillo sutil de una lágrima rebelde.
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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Cyrus Ross el Jue Ago 27, 2009 2:05 am

Termina el dibujo, lametando interiormente no haber traído su paleta de colores que tanta belleza le habría aportado al conjunto y alza la mirada para repasar a la chica de arriba a abajo. No esa clase de mirada. Ahora no es a través de las pupilas de un hombre que la observa si no a través de las de un artista que contempla una obra de arte queriéndo memorizarla para poder dotarla después de la completa perfección.

Ese escarlata refulgiendo, la originalidad de su vestimente, el recorte de su figura arrancando destellos de luz al moverse en la superfície del violín. Los necesita para completar posteriormente su dibujo. Sin embargo esta vez, no puede evitar quedandosela mirando como un bobo. El más completo ímbecil de los humanos, encandilado por una felina callejera. Felina de la cual, no puede apartar sus ojos, que parecen querer construir una vitrina a su alrededor, para no permitir que el paso del tiempo ni nada externo haga mella en ella.

Un leve escalofrío similar a algo placentero lo recorre al empezar a escucharla, como si las notas se deslizasen por el viento a su encuentro y lo atrajesen hacia ella. Sin tener constancia de ellos, cuando la música cesa se encuentra entre la multitud cercana a la chica, con el cuaderno bajo el brazo y los carbonzillos gastados, olvidados en el banco de piedra que rodea la fuente.

Entonces contempla un pequeño destello plateado bajo la mata de fuego rojizo. Manteniendo su expresión serena, espera a que la multitud tras entregar su dinero, se disperse, para acercarse él a primera fila, dejar caer una moneda y haciendo notar su presencia al quedarse frente a ella, tapandole el sol. Haciendo pinza con dos dedos le ofrece un pañuelo, manteniendo la mano baja, para que pueda verlo.


- Gracias. -Es lo único que dice, y aunque extraño, esa sola palabra ha sido sincera.

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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Dafnée Moreau el Jue Ago 27, 2009 3:32 am

Permanece en esa posición largo rato, apenas haciendo notar su imperceptible permanencia en el mundo real cuando sonríe agradecida a los paseantes que hacen tintinear sus monedas; la verdad, tal y como están ahora las cosas dinero no le falta, pero nunca está de más proseguir con sus buenos hábitos: comer gracias a su música la hace sentir especialmente útil en aquel acelerado y terrenal mundo humano, en el que por lo demás se siente como una hoja al viento aterrizando en un asfixiante torbellino multicolor.

Suspira largamente, de forma inaudible, mientras sin alzar la mirada coge el negro estuche y comienza a guardar el violín sin prisa, aún con gestos lánguidos, lentos y gráciles. Los mismos con los que, cuando aquella sombra cercana le tapa el sol, alza los ojos para observarlo largamente, no sin antes haberle dedicado la misma mirada al pañuelo que le tiende. Sus ojos son dos jades sombríos tanteando recovecos oscuros que ningún otro es capaz de desentrañar, al menos en apariencia; eso hace con la mirada de Cyrus, añadiéndole a su enigma natural un tinte de niña inocente y curiosa que contempla un animal que no había visto nunca. No parece siquiera sorprendida de verle ahí.

Tras varios instantes de mirada silenciosa, sus rojos labios componen una dulce sonrisa. Se encoge suavemente de hombros.


- No hay por qué... ha sido un regalo - susurra con un arruyo susurrante, llevando en sus rasgos otro "gracias" implícito cuando extiende la mano y acepta su pañuelo. Sus palabras siempre tienden a acrecentar el misterio y ahora no son una excepción; pero en efecto, esa última canción ha sido un regalo para él. Entorna los ojos al observar silenciosa la tela, balanceando un poco las piernas cruzadas, y luego cierra los ojos y se lo lleva a la mejilla, donde aprieta sin fuerza para dejar la marca húmeda impresa. Se lo tiende de nuevo, ladeando la cabeza con una ternura frágil que ni siquiera le sale a consciencia - Una lágrima de la artista... así estamos en paz.
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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Cyrus Ross el Jue Ago 27, 2009 9:31 pm

Mantiene su sonrisa imperturbable a pesar de que interiormente se debata entre dejarlo estar y seguir contemplándola maravillado, aunque esto último solo se deja entrever ligeramente en sus ojos. Ojos que por una milésima de segundo parecen atemorizados ante la conexión que establecen con los de ella. Como si fuese una sacudida en la que ha entrado en su mente y con la que ha revuelto viejos pensamientos y actitudes olvidadas. Incluso como si pudiese llegar a conocerlo realmente, cosa que ni siquiera sus propios padres han logrado hasta la fecha.

No parece inmutarse, pero la idea de que la víctima de convierta en el cazador y él en la presa no le causa ni pizca de gracia a la fachada que se derrumbaría poco a poco como si picasen con un martillo, hasta atravesarlo y hacerla caer a sus pies. En una comparación con el símbolo del arte escénico, su interior simula la cara triste, seria, enfadad, temerosa de un reecuentro con su verdadero yo ante el que debería rendir cuentas, mientras su exterior representa, y nunca más bien dicho, la confianza, la seguridad y la galantería de un mujeriego de su edad.

Contempla con sutiles y fugaces miradas como sus gestos son más delicados y cuidados que en la mayoría de chicas, sin llegar a parecerle una de esas repipis estiradas del Golden que falsamente instan en imitar aquello, y que al final tanto dinero le proporcionan. Pero no solo eso lo impresiona, también su voz harmoniza con el conjunto, de musa, que es toda ella. Asiente cuando ella menciona haberle regalado la canción, satisfecho de que sus sopechas fueran ciertas y de que finalmente ella sea real.

Cuando ella le tiende el pañuelo, él lo recoge, asiendolo con una mano mientras con la otra inconsciente, repasa sin llegar a tocarla a escasos centímetros de la piel de la violinista, la lágrima caída. Cuando realmente se da cuenta de su extraña actitud, dejandose llevar otra vez demasiado por sus impulsos, la retira. Sonríe educadamente y vuelve a asentir, aceptando el regalo.-
Lo guardaré con recelo. -susurra con voz galante llevandose el pañuelo a los labios, y guardándoselo después en un bolsillo de su chaqueta. Después echa a andar hacia otro lado de la plaza para abandonar el lugar.- Espero volver a verte. -se oye su voz traída por el viento pese a que su figura ya se ha confundido entre el gentío.

¿Ha sido eso un acto de misterio o simplemente huye de lo que teme? La única respuesta solo la sabe él, y la pista para tener la certeza se encuentra en el dibujo enrollado que ha metido dentro de la funda del violín cuando ella se ha distraído.
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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Dafnée Moreau el Vie Ago 28, 2009 5:24 pm

Como la representación etérea de la paciencia, aguarda, dejando que el desconocido tantee la lágrima que impregna el pañuelo sin retirar la mano, también sin llegar a rozar la suya, pero creándose de improviso un extraño universo en el que los demás viandantes son sombras sin identidad ni nombre, vestigios y adornos de un escenario de marionetas en el que los protagonistas son el hada y el dibujante vagabundo.

Y nada en los finos rasgos de ella lo delatan, excepto esa ligera percepción sutil, eso que de nuevo teje a su alrededor el hechizo de longevidad fusionada con infantil inocencia. Un contraste caótico, el mismo que reflejan sus labios, de dulce sonrisa, junto a sus ojos, quizá más avispados y astutos: la mirada de un gato travieso que casi parece retarle, en silencio, a descubrir el porqué de esa lágrima.

Tampoco es algo que se pueda constatar ni observándola con detenimiento: es una criatura de contrariedades, y su alma parece sumergirse todavía más en el abismo cuando alguien intenta indagar en ella.

Solo baja suavemente la mano cuando él, cortando la conexión visual, da media vuelta y se pierde en el gentío. Con languidez, la violinista se apoya con cierta despreocupación perezosa en la fuente, ladeando la cabeza para observar su marcha incluso cuando él ha dejado de distinguirse. Solo sesga un poco más la sonrisa y asiente a sus palabras, susurrando para sí:


- Así será...

Tras un largo rato de silencio, suspira, posando con desazón los pies en la tierra todo lo que puede permitírselo, y guarda el dinero del día para a continuación terminar de cerrar el estuche. Solo en ese instante se da cuenta, con un sutil parpadeo: el dibujo. Con movimientos hábiles y fluídos lo desenrrolla para contemplar su propio retrato. Una obra de arte, una imagen plasmada con el corazón, una visualización... perfecta. Y quizá, durante un instante, la asusta de verdad lo que el dibujante haya podido captar en sus ojos.

Nadie ha de leer su interior...

Aprieta los labios, durante un segundo glacial, pero en esencia su mirada muestra melancólico agradecimiento ante el intercambio de regalos. Enrolla cuidadosamente el dibujo, lo guarda en su funda y, dedicándole una última mirada a la estampa artística de la plaza por la mañana, desaparece por una callejuela como una brisa de tonos rojos y blancos.
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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Norah E. McFadden el Dom Ago 30, 2009 12:22 am

Tras andar unos 10 minutos, sin ningún sitio interesante en el que pasar el rato, llego hasta una plaza concurrida por varios grupos de jóvenes. Teniendo en cuenta la hora que es y las carcajadas que lanzan, con toda seguridad la mayoría, o, al menos, los que se hacían notar, iban algo bebidos, pero decido sentarme igualmente en uno de los bancos que hay por el lugar.
Saco del bolso mi bloc de pasta dura y un lápiz y comienzo a dibujar cuanto iba ocurriendo por allí, a la espera de alguna distracción o a que mi aburrimiento fuera tal que decidiera irme de nuevo a casa.
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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Dita Alighieri el Mar Sep 01, 2009 1:14 am

Después de cenar algo, decido pasearme por las calles de mi barrio. Más de un més aquí y aún no me lo conozco a la perfección. Soy un desastre... Cabizbaja me paseo, reprochándome el estar más tiempo metida entre páginas, estanterías y polvo que por la calle y saliendo a conocer gente.

Suspirando, acabo en la entrada de una plaza. La plaza de las siete colinas creo recordar... Éste fue el primer lugar dónde estuve cuando llegué... y dónde conocí a la primera persona de la ciudad, Jane. Hace ya más de un mes y parece que fue ayer... La plaza, a pesar de la hora, está muy animada. Por la mañana había más gente, sobretodo artistas de calle, dibujantes y simples visitantes. Ahora, con menos gente pero más animado quizá. Grupos de jóvenes pasándolo bien, borrachos probablemente más de la mitad... No era lo que más me apetecía, pero en un punto de la plaza, parece haber un rincón de tranquilidad. Fuerzo un poco la vista hasta que veo una chica, de más o menos mi edad, con una libreta en la mano.

Con ganas de conocer a más gente de mi edad, me encamino hacia ella, esperando no molestarla demasiado con mi futura intromisión.
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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Norah E. McFadden el Mar Sep 01, 2009 1:26 am

Arranco una página del cuaderno. Con tanto alboroto no me concentro en dibujar algo decente, ningún rostro se parece en lo más mínimo a lo que reflejaba el grafito en la hoja de papel... Puede que estuviera cansada. Visualizo a una chica de aspecto elegante que acaba de entrar en la plaza. Con seguridad no iba a encontrarse con los demás jóvenes que completaban el gentío.
Hago una bola con la hoja y la lanzo a la papelera más cercana. *Casi...* Cierro la libreta y meto el lápiz en la anilla, dispuesta a irme a casa a falta de algo mejor que hacer. Me levanto para recoger la bola y meterla en la papelera, pero noto una presencia cerca de mí. Me vuelvo esperando que no fuera alguien para pedirme fuego, y reconozco a esa persona como la chica elegante que me llamó la atención hace unos segundos. Espero mientras se acerca, intrigada por saber qué quiere.


Última edición por Norah E. McFadden el Mar Sep 01, 2009 2:00 am, editado 1 vez
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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Dita Alighieri el Mar Sep 01, 2009 1:56 am

Me levanto después de agacharme para recoger el basket fallido de la morena. Abro el papel y veo un bonito dibujo, aunque inacabado y con tachones. Cuando desvío la mirada al frente me encuentro con unos brillantes ojos azules posados en mí. Le dedico una media sonrisa divertida mientras me llevo una mano a la cadera.

- ¿Lo tiro? - Alzando la mano en la que el papel se encuentra. - Dime que estás tan aburrida como yo, por favor. - Río divertida, fingiendo una expresión de súplica.
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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Norah E. McFadden el Mar Sep 01, 2009 12:13 pm

Observo cómo recoge mi dibujo del suelo y lo abre, sin darme tiempo a reaccionar y quitárselo. No me gusta que hurguen en mis cosas, y, menos, en mi basura. Alza el papel, momento oportuno para arrebatárselo, y lo tiro yo misma a la papelera, esta vez si fallar.
- Sí, es lo que pretendía hacer hace un momento -le replico, pero, aún así, la desconocida no me da malas vibraciones. Además, no me convenía empezar a llevarme mal con nadie cuando en el barrio no tenía ningún amigo. Aún.
Resoplo y vuelvo a sentarme con gesto cansado en el banco.
- Y que lo digas. He llegado hace unas horas a la ciudad, y he pensado que la mejor forma de conocer a alguien era manteniéndome visible por el barrio, hasta que he dado con esta plaza de borrachos -sonrío al ver como un chico, algo menor que yo, quizás de 15 años, pasa de estar haciendo equilibrios en el borde de la fuente a chapotear como un patito después de caerse dentro de ella. Le vendrá bien para despejarse.
Desvío la mirada hasta la chica desconocida y le aclaro:
- Lo que has visto en el papel es fruto del aburrimiento, sí. Normalmente no me dedico a dibujar esta clase de espectáculos -sigo mirando al "patito", bautizado así durante esta noche, que logra salir de la fuente con ayuda y se abraza a su salvador-. ¿Qué te trae por aquí?. -me dirjio a ella entonces-. No me da la impresión de que vengas a ahogar tus penas en una botella de alcohol, a no ser que la lleves escondida bajo la falda.
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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Dita Alighieri el Dom Sep 06, 2009 9:38 pm

No la sigo cuando se sienta en el banco, por lo que me quedo en pie escuchándola. Sonrío ante su respuesta y sigo su mirada. No puedo evitar arquear una ceja ante la penosa escena que se me presenta. Un grupo de chiquillos emborrachándose porque sí. Aunque se me escapa una carcajada cuando uno de los chicos se cae dentro.

Cuando me responde desvío la mirada hacia ella, aunque ella no me mira.
- Y ¿qué sueles dibujar? Parece ser que esta ciudad está llena de artistas - Añado esto último para mí misma, pensando en Dafnée y en su habilidad para escribir. – Nada, simplemente tenía ganas de dar una vuelta. No soy de ahogar las penas en alcohol, me gusta beber, pero así porqué sí y para coger una borrachera… Nah. – Comento llevándome las manos a la nuca y miro hacia el cielo. Cuando oigo lo de la botella, dirijo mi mirada a la falda de tubo y sonrío de lado. – Si la llevara… Tendría que estar muy bien escondida. – Comento con una sonrisilla pícara.

Oh , ¿sabes qué? Me ha llegado un rumor de que en el R&B hacen una rave… ¿Te apetece ir a echar un vistazo a ver qué tal? Aunque antes debería pasar por casa...– Propongo para hacer algo y que el aburrimiento no se adueñara de nosotras. Aunque, me tocaría pasar por casa a cambiarme, iba demasiado formal para algo así. - Por cierto, soy Dita, encantada - Tiendo la mano con una sonrisa, presentándome.
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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Norah E. McFadden el Dom Sep 06, 2009 10:18 pm

-Tampoco tengo preferencias a la hora de dibujar, aunque lo que mejor se me dan son los retratos -sonrío suavemente mirando a la lejanía, sonrojándome. Basta de hablar de mí. Escucho su comentario sobre la falda y sí, demasiado bien escondida debería llevar la botella.
Me propone ir a una rave... La verdad es que no me vendría mal divertirme un poco, últimamente no lo hacía.
- Encantada, me llamo Norah -estrecho su mano cortésmente tras su presentación-. Mh... Déjame hacer una llamada, ¿de acuerdo? -me alejo un poco y coloco el móvil en la oreja, esperando a que cogieran la llamada por el otro lado. Tras un par de minutos me vuelvo hacia ¿Dita?-. Listo, preparada para divertirme, aunque deberás guiarme hasta el lugar...
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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Epiphany J. Murray el Vie Sep 25, 2009 3:44 pm

La Plaza de las Siete Colinas es un lugar en el que por el día siempre algun mimo, titiritero, o músico, deleita con una función o una forma de arte a los transeuntes que pasean de un lado a otro, que se sientan en los bancos a relajarse o que toman algo en alguna terracita para disfrutar de un mediodía agradable.

Y ella, estando su padre de viaje, no va a ser la excepción, por lo que, ataviada con un vestido azul celeste (a juego con sus grandes ojos) de cuello alto y sin mangas, subida a un banco de piedra cercano a la fuente, y con una afrancesada boina del mismo color que su atuendo depositada a sus pies, observa las pocas monedas que yacen en la misma. Es paradójico, pero incluso pueden ser más que las que gana en el Golden Gardens, supone que la gente rica por tanto es agarrada, totalmente una contradicción.

Suspira y decide retomar su tarea, recogiendo la guitarra que yacía a su lado en el banco y comenzando a hacer sonar sus cuerdas tocando una canción y acompañándose de su aguda y aniñada voz.
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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Aidan Livermoore el Vie Sep 25, 2009 4:04 pm

*Se me acumula el trabajo, pero tarde o temprano conseguire corregir todos los examenes de filosofia pitagorica.
No se que opinan mis alumnos, pero yo personalmente empiezo a estar muy harto de todos estos griegos. A mi que diablos me importa que un grupo de pijos se sepan o no lo que opinaban hombre que vivieron hace mas de dos mil años?1
....Cielos, debo de estar verdaderamente muy cansado de corregir como para atreverme ha hacer esos comentarios. Los crios seran pijos, niños de papa y muy ricos, pero todos ellos llegaran mas lejos de lo que yo podre hacer nunca, por mucho que me esfuerce.

SUspiro y me siento en un bar cualquiera, dejando encima de la mesa la carpeta hinchada con todos los papeles y me pido algo para tomar. Con otro suspiro mas largo que el anterior, abro la carpeta y me concentro en lo que mis alumnos han puesto.
Completas chorradas en su mayoria. Solo algunas exepciones se salvan. Peor claro, tamcpoo puedo poner eso en la correccion porque se me caeria el pelo....

Alzo la vista cuando el sonido de una guitarra me distrae. Me distrae del trabajo, y eso ya es suficiente como para que me parezca agradable, pero ademas ella tiene una voz bonita y toca bien. No soy experto musico, asi que no podri adecir si bien o mal, me conformo con que me guste.
Y cuando termina, la aplaudo levemente, aunque dejo de hacerlo unos segundos despues, cuando veo que nadie me secunda. Carraspeo levemente y vuelvo a mirar los examenes*
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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Epiphany J. Murray el Vie Sep 25, 2009 4:15 pm

Nada, ni una triste moneda... Se arrepiente ahora de haber pensado que en el Golden eran más racanos, porque vaya, no tiene ni calderilla en la boina ahora mismo. O quizá sea que es mala, muy mala, demasiado. Ah, no, que alguien le aplaude... Alza la vista de la guitarra para ver quien y distingue a un hombre enfrascado en un montón de papeles. Y al distinguirlo trastabillea y casi se cae del banco, del que baja de un salto rapidamente.

Pero su reacción no es esa porque él sea un hombre trabajando con papeles y le haya aplaudido, sino por quien es...: Porque sabe que debe decir algo, lo que sea, porque su profesor de filosofía y tutor no puede decirle nada de esto a su padre en alguna audiencia..., debe asegurarse de que sea así, es vital que sea así, tiene que ser así, no puede permitir que se lo diga. Con estos pensamientos se agacha a recoger las pocas monedas para guardárselas, se coloca la boina parisina ajustándosela en la cabeza y, echándose la guitarra a la espalda, se acerca a la mesa, situándose detrás del hombre.

Es irónico, porque debido a su metro 1,58 (¿o 1,56...? Quien sabe, el caso es que es un taponcito) no llega a su altura del todo aunque él esté sentado, y debe ponerse de puntillas:

-Emm... ¿Profesor Livermoore? -Le llama, y de paso intenta cotillear que examen está corrigiendo mirando por encima del hombro, o intentándolo, porque no llega.
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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Aidan Livermoore el Vie Sep 25, 2009 4:26 pm

*Pitagoricos....definicion....numero uno, perfeccion, dos, feminidad, imperfecto, tres, triangulo casi perfecto, masculinidad.....Crotona, el alma y el cuerpo...la armonia....
AGH!!
Doy un brinco cuando alguien me llama por el apellido, tan concentrado como estaba que no he prestado atencion a nada de lo que ocurria a mi alrededor.
Giro la cabeza y observo con atencion a la chica que me ha hablado, porque a juzgar por el tono de voz y aspecto, no puede ser otra cosa que una mujer muy joven, una adolescente.
Pero, obviamente, no le aguanto la mirada mas de unos cinco segundos, lo cual me hace fijarme mucho mas en la ropa y los zapatos porque he bajado la vista inmediatamente.
Me suena muy familiar, y seguramente la conozca porque ella me ha llamado profesor. Por lo tanto, es una alumna.
Pero en mis clases procuro mirar poco a los alumnos, mas por falta de confianza en mi mismo que por querer ignorarles, asi que no tengo muy vividas en mi recuerdo sus caras y rasgos. Los conozco por el nombre, sobretodo*

-Eemm....Si, que desea?

*Giro mecanicamente el examen que estaba corrigiendo, mas porque siempre me ha cohibido que alguien observe mi trabajo que el que me moleste la curiosidad de ella*
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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Epiphany J. Murray el Vie Sep 25, 2009 4:37 pm

Arquea una ceja al ver que el hombre pega un brinco y que la examina de arriba a abajo cuando se gira, enarcándola aún más cuando ve no parece reconocerla... Genial, ha ido ahí para explicarse y evitar que su padre la descubriese porque el tío se lo soltase, y resulta que el tío ni se había dado cuenta de quien era. Podría haberse ido de allí y punto. Pero no, se ha metido en el lío ella solita yendo... ¡Y luego dicen que no es gafe!

Sin embargo en ese momento otra cosa desvía su atención y por ello le señala al montón de hojas con un dedo:

-Esto... Ha derramado usted su vaso al girarse y el líquido está dejando ilegible el examen del hijo del director -Apunta educadamente- Aunque no creo que suponga un problema, ¿no? Aún con un examen en blanco tendrá la misma nota que con uno perfecto... -Eso lo suelta sin querer, un pensamiento pensado en voz alta, y por ello se lleva enseguida ambas manitas cerradas en puños al rostro, tapándoselo y dejando visibles solo los ojos, un gesto que suele usar en las situaciones en las que se siente sumamente avergonzada o en las que cree que ha metido la pata, en este caso lo segundo- Eh... -Baja los pequeños puños lentamente dejando de forma progresiva su rostro al descubierto de nuevo del todo- Lo siento, no quise decir eso -Mentira, obviamente.

Y se queda ahí, mirándole, con la guitarra a la espalda y totalmente quita, sin borrar la perplejidad de su rostro:

-Me preguntaba si siendo usted mi tutor iba a mencionarle a mi padre que me dedico a pedir dinero cantando y tocando por los sitios -"Me preguntaba si iba usted a joderme la vida" más bien- Pero en vista de que no me reconoce quizá no haga falta preguntarle nada... -"Que no caiga ahora en quien soy, que no caiga, que no caiga..."

Como no, en lugar de salir corriendo antes de que le de tiempo a adivinar quien es, sus piernas no reaccionan y sigue ahí, estática, observando como el líquido va manchando cada vez más el examen de ese insoportable niño bien que, como no, le cae mal.
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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Aidan Livermoore el Vie Sep 25, 2009 5:03 pm

*El vaso...? El liquido...?
EL EXAMEN!!
La imagen de la chica deja de ser importante cuando el liquido mancha las letras mas o menos bien escritas del papel, y todo yo, en consecuencia, me vuelvo histerico. Levanto la taza, que me salpica a mi y a mi ropa, levanto el papel y lo agito como si asi la tinta no se corriera, cosa que hace y me mancha la mano y el mantel de la mesa.
Ante tal desastre, aparto la carpeta y la dejo en una silla, salvandola de la destruccion, pero ese examen ha quedado ya ilegible.
Parpadeo varias veces antes de lanzar un suspiro apenado al aire. Menos mal que la chica tenia razon e iba a ponerle igualmente un diez a....
Espera espera.
Miro a la chica, aunque ella misma se haya dado cuenta de su error verbal pero bien pensado*

-No debe decir eso. Ya sabe que el sistema educativo es igualitario para todos indiferentemente de su origen, prestando atencion solo a sus calificaciones y esfuerzo.

*Es una frase aprendida de un papel, de memoria, como si fuese un loro. Y en mi tono puede verse eso, pero no importa, es lo que tiene que decirse pase lo que pase.
Y ahora que ya no importa el examen me fijo mas en el rostro de la joven*

-....Ah....soy su tutor...? OH! Si, claro claro, la señorita Murray, claro. Perdone que no...la reconociese antes. Que decia sobre su padre? Que la viese tocar con la guitarra?
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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Epiphany J. Murray el Vie Sep 25, 2009 5:16 pm

¡Ja! Igualitario, dice... ¡Igualitario! Y por eso ella, que tiene matrículas y sobresalientes en muchas asignaturas, tiene aprobadillos con aquellos profesores más conservadores que muestran abiertamente su desprecio hacia los becados que no son de la clase más alta y de la elite social del colegio... Bah. Si espera que se crea que el sistema es igualitario sin importar los orígenes teniendo en cuenta cuantos cenutrios sacan las mismas notas que ella y dan una hoja en blanco al entregar el examen va listo el tío este.

-Ya, por eso a mí me ponen aprobados raspados en Historia con exámenes que leyéndolos podrían servir para dar clase a alguien sin necesidad de usar un libro, ¿no? -Pone los ojos en blanco- ¿En su contrato venía que tenía que aprenderse esa mentirjilla de memor.... -Se frena en seco al darse cuenta de lo que está diciendo, negando enérgicamente con la cabeza y volviendo a repetir el gesto de taparse la cara con ambos puños hasta la nariz- No... No quería decir tampoco eso, me he equivocado de... De cosa... Tema... Sí.

Por suerte el hombre está muy ocupado en salvar el examen, mancharse, salpicarla a ella, que tiene que bajar los puños y abrirlos para limpiarse las gotas con las manos, a la mesa, y a todo lo que les rodea, así que igual ni la ha oído, aunque eso sería tener buena suerte y ella no la tiene. Suspira y espera a que termine de pelearse con la taza y la hoja, sin poder evitar dibujar una fina sonrisa en su rostro de niña y volviendo a ponerse seria al instante.

Vale, mierda, la ha reconocido... ¡Si es que tendría que haberse ido a tiempo! Asiente, resignada:

-Sí, Murray, Epiphany Jane Murray... Becada -"Y he sacado matrículas en todos sus exámenes y trabajos, incluídos los voluntarios para subir nota, así que por favor, a cambio de ser una alumna ejemplar, sálveme usted el culo y no me haga la putada del siglo" Eso es un pensamiento que no dice, claro está- Mi padre desconoce este tipo de actividades extraescolares porque no las aprueba, y si usted las mencionase... Digamos que no me haría un favor, que tampoco tiene porque hacérmelo pero... -Se encoge de hombros- Tampoco tiene porque hacerme lo contrario... ¿No? -Tantea mientras se muerde el labio inferior.

Le mira con sus grandes ojos celestes expresando una sola cosa: súplica. Y le pone carita de cordero degollado, dándole un aspecto más infantil a toda ella, y con ojitos... Toda una adorable pose de "porfaplis no sea usted malo" con la intención de asegurarse de que no dirá nada. A ver si cuela.
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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Aidan Livermoore el Vie Sep 25, 2009 5:30 pm

*Intento limpiarme la mano manchada de azul oscuro con varias servilletas de papel, pero es bien conocida la aficion de la tinta de los boligrafos a quedarse incrustada por lo menos dos o tres dias, asi que mi labor solo contribuye a gastar mas papel para la destruccion de arboles y extincion de las reservar de servilletas para los proximos clientes del bar.
Suspiro y lo aparto todo, desistiendo ya en la correccion. Tendria que hacerlo en el triste, deprimente y pequeño despacho del colegio. No me parecia sorprendenete que a mi me hubiesen dado el peor habitaculo, pero ni queria ni podia quejarme.*

-Señorita Murray, lo crea o no, yo tambien fui Becado. Conozco igual que usted los tejemenejes del sistema, y repito...." el sistema educativo es igualitario para todos indiferentemente de su origen, prestando atencion solo a sus calificaciones y esfuerzo....

*Suspiro, escuchando su explicacion. Porque, por todos los santos, tenia que ser yo el profesor que le ocultara algo a un padre? Suficiente suplicio eran las reuniones con los progenitores como para, ademas, tener que mentirle a uno. Con suerte me olvidaria de ese accidente, pero lo dudaba mucho, sobretodo porque las manchas de tinta me durarian varios dias y cada vez que las viera me acordaria.
Es facilmente deducible porque un padre no quiere que su hija este tocando en la calle como si fuera una vagabunda, pero he tenido que soportar muchas veces criticas cuando hablo con ellos como para ahora ponerme a hablar mal de sus hijos.
Que si la educacion es un fracaso, que si el problema no viene de los alumnos si no de los profesores.....Y con que argumentos contesto yo? Con tartamudeos y balbuceos, por supuesto, nada que pueda defenderme.*

-....No se preocupe, no dire nada. No sabria ni como comentarselo.....Ademas, es una de mis buenas alumnas, pero buena de verdad.....Y como ya he dicho antes, yo tambien fui becario

*Vuelvo a mi carpeta, intentando poner un poco de orden entre todos los papeles que he apartado rapidamente, salvandolos pero dejandolos medio muertos por ahi*
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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Epiphany J. Murray el Vie Sep 25, 2009 6:02 pm

De nuevo sonríe cuando ve como su profesor de filosofía se enfrasca en una épica batalla contra la tinta de bolígrafo usando de arma kilos de servilletas. Y aunque ninguno de los dos lo sepan, ambos piensan en lo mismo: contribuye a la destrucción de bosques en la tala de árboles, cosa que ella con su caracter ecologista defiende bastante. Se da cuenta de que su profesor pierde:
-Bolígrafo 0, Señor Livermoore 1 -Murmura para si misma, rezando segundos después porque no le haya oído.

Cuando escucha que él fue becado le mira perpleja durante varios segundos antes de volver a sonreír cuando repite la frase

-No lo sabía, disculpe... -Dice finalmente, antes de sumirse en otro silencio mientras observa como debe estar en una batalla mental sobre si decirle o no algo a su padre, y rezando porque el resultado sea "Sí: 0, No: 1" se queda a la expectativa de una respuesta, sin dejar de escutrarle con su mirada color cielo.

Y finalmente la suerte decide hacerle compañía por una vez y el No gana. Respira aliviada, sonrosándose ligeramente al ver que la califica como una buena alumna y mirándole agradecida:

-Muchas gracias, de verdad -Por ambas cosas- No sabe el favor que me hace... -Le observa guardar sus papeles- Siento haberle interrumpido su trabajo...

Siente que debe pagarle el favor y las molestias de algun modo y por tanto, sin mediar palabra, se sienta frente a él:
-Bueno, en compensación por las molestias y como agradecimiento por su silencio... -Se coloca la guitarra- Sonría, por favor... -Y sin más comienza nuevamente a tocar y cantar, esta vez solo para él, mirándole directamente a los ojos con los suyos, claros como el azul del cielo, clavados en él.
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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Aidan Livermoore el Dom Sep 27, 2009 11:18 am

-Que el bolígrafo que?

*No la he oído porque estaba demasiado ocupado intentando apuntarme en algun sitio, en mi agenda, por ejemplo, que el examen del hijo del director había muerto. Pero primero debería encontrar la agenda. Maldicion, me la debí dejar en mi despacho.

Suspiro, apuntándome en la mano, ya manchada de tinta, la información que posiblemente no se borrara. A menos que sea tan gafe como para que se me borre todo lo escrito excepto la mancha tan bonita de tinta que tengo. Suspiro de nuevo porque se que es capaz de pasarme eso.*

-No pasa nada, aunque es bastante fácil de llegar a la conclusión que yo no podría haber sido otra cosa que becado….Ya ve que estudiando mucho se consiguen buenos trabajos, y los que no, se quedan en el paro.

*Es tan falso que ni yo puedo creérmelo, pero que voy a decirle? Que por mucho que se esfuerce, se mate a estudiar, trabaje y apruebe, los que tengan más dinero que ella siempre vivirán mejor, tendrán mejores trabajos y mejores notas aunque no estudien? Como voy a decirle a una adolescente que la vida es sinceramente injusta y que si no se muerde, eres mordido, como en mi caso? Se supone que un profesor de filosofía debería enseñar a sus alumnos a pensar, no a deprimirles. Y aun asi, suena falso, de modo que seguramente no me crea. Solo hace falta tomar mi ejemplo para que no lo haga.

Alzo la cabeza cuando se sienta delante de mi, desistiendo en encontrar nada ya. Voy a decirle algo del estilo “no tiene porque agradecerme nada”, cuando empieza a tocar otra vez, pero para mi.

Al principio me siento bastante cohibido, porque al estar cerca de la artista, todos los del bar y de la plaza se giran para ver la mesa y nos miran a ambos, pero entonces decido fijarme únicamente en la música para no tener la sensación de estar observado por media ciudad. Mi vista esta clavada en las cuerdas de la guitarra y sus dedos, moviéndolas hábilmente, y solo en pequeños instantes la miro a los ojos, porque, obviamente, sigo sintiéndome incomodo mirando alguien fijamente a los ojos, con seguridad. Para variar. Pero termino por sonreír levemente sin darme cuenta.

Cuando termina la canción, mas gente del bar aplaude aparte de yo mismo*

-Yo no voy a contarle nada, pero porque su padre no aprueba que toque con la guitarra? Es verdaderamente hábil con ella…
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Re: La Plaza de las Siete Colinas

Mensaje  Epiphany J. Murray el Dom Sep 27, 2009 2:08 pm

No contesta a lo del bolígrafo, al fin y al cabo ha sido una soberana parida que si no la oye mejor, le observa volverse loco buscando algo y se pregunta si la vida de ese hombre será tan caótica como está pareciendo ahora que él mismo lo es, sintiéndose muy rara, porque no se pensaba que el serio profesor de Filosofía fuese desorden puro tras los muros del Saint Mary. Aunque claro, nadie se imagina que ella vaya a ser un intento de música que pide dinero por las calles y trabaja en el Hells viéndola como una becada responsable, luego visto así...

Pone los ojos en blanco ante la frase que le dice sobre estudiar y obtener resultados satisfactorios, negando con la cabeza porque, obviamente, la poca credibilidad con la que se lo dice hace que ella tampoco se lo crea, aunque es algo que ya no se creía desde hacía mucho, mucho, muchísimo tiempo:


-Ya, claro, por eso se le ve a usted tan motivado cuando está dando clase, ¿verdad? -Pregunta irónicamente- No hay más que verle, parece usted atrapado en ese trabajo como... Como un genio en su lámpara maravillosa -Compara de repente- Aunque no creo que sea por su posición económica, sino porque usted no se atreve a reaccionar, decir lo que sabe que quiere y debe decir, y hacer lo que de verdad le llene...

Y justo cuando termina de decir todo eso se da cuenta de que lo ha dicho, ella y su jodida sinceridad... Niega repetidas veces con la cabeza, llevándose de nuevo las manitas cerradas en puños a la cara y cubriéndose el rostro:
-Disculpe, me he metido donde no me llaman -Dice, aunque no sabe si es demasiado tarde para disculparse.

Ante la pregunta que le hace baja las manos, encogiéndose de hombros:
-Tampoco aprueba que cante. Él no cree que sea buena, y también cree que la música no lleva a ninguna parte -Suspira- Le tiene manía a la música desde que yo era pequeña -Aunque no sabe que la marcha de su madre está relacionada- Quiere que estudie derecho y sea abogada, como él, y eso hace que discutamos a menudo porque yo, si no me dedico a esto -Acaricia su guitarra- Querría estudiar Filosofía... -Y no hay más que verla a sus ojos color cielo para darse cuenta de que lo dice en serio y no por pelotear, ya que tampoco es que hacer la pelota le haga falta.
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