Los acantilados

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Los acantilados

Mensaje  Juez Smith el Vie Ago 21, 2009 4:59 pm

Cerca de la playa se encuentran los acantilados, unos enormes tajos de piedra que conducen en una fatal caída hasta el mar. Para evitar accidentes han construido una valla de madera alrededor de su borde, aunque no es precisamente saltarla.

Este lugar es uno de los mejores para contemplar el atardecer viendo como el sol se pone en las aguas siendo engullido por el mar y para ver como la blanca luna nace de este. Muchas parejas van a disfrutar de su amor en este lugar.

Pero no es todo luz y belleza en este lugar. Se sabe que desde que se construyo la ciudad este es uno de los lugares favoritos por los suicidas para acabar con sus vidas con un salto al vacío. Cuentas las leyendas que las noches de tormentas se puede observar a una dama de blancos ropajes vagar empapada y cubierta de algas por su filo lamento la perdida de su amado y su infructuoso recuentro al no poder encontrarse con él en el más allá.

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Re: Los acantilados

Mensaje  Salem B. Von Lekker el Jue Sep 03, 2009 8:25 pm

Caminaba por aquél lugar con lentitud, con calma, balanceando su bastón alante y atrás con gran soltura. No había mucha gente en aquél lugar, ni tampoco esperaba encontrarla. Más bien era otra cosa la que buscaba. A lo lejos escuchó los gemidos del mar, por lo que decidió guiar sus pasos hacia aquél lugar, si cabe, aún más desierto. Una fina valla de madera rodeaba el fin del camino, bloqueando el paso a aquellos que quisieran buscar su fin en las profundidades del mar. Una de sus manos enguantadas en blanco se paseó apaciblemente sobre la superfície de la madera, mientras su mirada se perdía en las anaranjadas aguas que se removían allí abajo.
-Estoy seguro de que este lugar te habría encantado.
Una sonrisa triste escapó de sus labios tras pronunciar las palabras, mientras se quedaba ahí parado, observando en silencio el paisaje. Prácticamente había olvidado el por qué había salido de casa, qué estaba buscando en aquél lugar. Sus formas no cambiaron un ápice, se mostraba firme ante aquél vacío que había bajo sus pies, aunque no pudo dejar ir un leve suspiro. Cuántos años haría ya; cuantas penas habría pasado. Pero no eran suficientes para borrar el rostro de aquella mujer de su mente. Por suerte, a veces, era suplantado por el de una pequeña niña de rostro ennegrecido por la suciedad. Ante aquella visión, le era imposible no sonreír. Tenía que mantenerse fuerte porque, al fin y al cabo, todo lo que estaba haciendo lo hacía por ella.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Alexander Tessier el Jue Sep 03, 2009 9:14 pm

Tenia muchas cosas que pensar ese día mi abuelo aun se encontraba incapacitado, aparque el auto cerca del camino hacia los acantilados, me baje de el con mirada triste y taciturna pensado y admirando el paisaje, logre divisar a un hombre mayor cuya mirada se encontraba perdida y absorta en el paisaje pegado a la valla de madera que limitaba el camino de una caída certeramente mortal

Conforme pude acércame pude percatarme de aquel hombre tenia un bastón y sus manos eran de un blanco marfil, me extrañe al ver tal escena aquel hombre traía guantes blancos, era un hombre singular sin duda, al acercarme a el voltee a verle e intente descifrar en donde estaba perdida su mirada sin lograrlo, por momentos sonreía y por momentos su miraba emitía destellos de algún vago recuerdo que atravesaba por su momento, al ser un persona mayor decidí hablarle para romper un poco con sus pensamientos, me encontraba algo triste por mi abuelo y creo que el también se encontraba algo nostálgico.

-Buenas Tardes-

Aun no atardecía pero el sol alumbraba el mar intensamente haciendo que destallaran brillos dorados, mis atuendos eran sencillos mis vaqueros favoritos y una playera blanca
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Re: Los acantilados

Mensaje  Salem B. Von Lekker el Jue Sep 03, 2009 9:26 pm

Permanecía ahí, sin hacer nada, ajeno a cuanto ocurría a su alrededor. Una voz desconocida le arrancó de sus pensamientos, borrando cualquier rastro de melancolía de su rostro. Junto a él, un joven muchacho le observaba como si no fuera más que un fósil expuesto en una vitrina. Aún así, le sonrió. Agachó levemente la cabeza, haciendo una leve inclinación con las manos en el ala de su sombrero.
-Buenas tardes, caballero.
Apartó sus manos de la madera de la valla que hacía de nula protección contra jovenes apasionados de la muerte, para voltearse y encarar al joven. Tendió su mano hacia el chico, mientras aguantaba su bastón con el brazo de la otra.
-Salem Von Lekker, un placer -con un suave movimiento de muñeca, hizo aparecer una rosa blanca, de las que inspiran tranquilidad y paz. La miró algo confuso, aunque no tardó en sonreír divertido por su truco-.Estoy seguro de que le hubiera agradado más siendo mujer, pero alguien habrá a quien pueda regalarsela.
Una vez dada la rosa, volvió a su posición inicial, aguantando su peso sobre el bastón de color oscuro, rematado con una perfecta esfera en la parte superior, donde apoyaba la mano.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Alexander Tessier el Jue Sep 03, 2009 9:42 pm

Me saludo con jovialidad y cordialidad, ante tal educación ofrecida no podía hacer otra cosa que saludarme y presentarme de una forma correcta y más si se había referido hacia mi como un caballero y presentándose con elegancia inclinando su sombrero hacia mi su comportamiento no mera extraño pues mi abuelo tenia unos modales similares a los de el

-Tanto gusto Alexander Tessier Sendak- su muñeca giro rápidamente y de ella una rosa salio haciendo que me ruborizara ante tal extraña escena supuse que debía ser algún mago por su atuendo, y que aquel truco bajo la manga fue espontáneo seguramente esperaba ver a una chica, acepte la rosa y vi como el caballero se incorporaba de manera recta apoyado en su bastón, parecía una estampa de perfecto corte anunciando un espectáculo de magia, ya que en ese momento el sol pegaba hacia su cabello y hacían brillar su bastón.

-Aprecio el detalle del la flor Señor Salem , pero quizás el conejo del sombrero hubiera estado mejor- lleve la rosa hacia mi nariz y la olí suavemente para disfrutar de su aroma mientras una sonrisa se dibujo en mi rostro el truco no había sido el correcto pero me recordó cierta inocencia de mi niñez.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Salem B. Von Lekker el Jue Sep 03, 2009 10:06 pm

Escuchó en silencio la presentación del chico, complacido por la correcta educación que éste demostraba hacia él, aunque le llamase por su nombre de pila. Ya le parecía bien. A fin de cuentas, los vientos habían cambiado mucho desde aquellos oscuros días en los que recibías un cachete por llamar a un adulto de esta manera. Al escuchar el comentario del chico, una chispa se encendió en su cabeza, recordándole qué había ido a hacer ahí.
-Oh, sí, el conejo. ¿Ha visto usted al señor Darcy? Esa orejuda bola de pelo ha desaparecido -Se quitó el sombrero, tendiéndoselo al joven para que observara el vacío interior de la prenda-. ¿Lo ve? Ni rastro.
Negó con la cabeza, volviéndose a colocar el sombrero, ajustándolo correctamente sobre su cabeza para no descolocar ni un solo cabello. Con aire distraído, empezó a buscar entre sus bolsillos, encontrando por fin en uno de ellos una pequeña bolsa de tela blanca. Al abrirla, se podían observar una cantidad de bolitas de colores que no parecían tener fin, similares a las antiguas grajeas que se vendían en las tiendas de chucherías. Cogió un puñado, que esparció por el suelo.
-El señor Darcy es un goloso, seguro que aparecerá con esto -se llevó uno de aquellos dulces a la boca, mirando divertido al joven mientras le tendía la bolsa-. ¿Es usted un goloso, señor Alexander?
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Re: Los acantilados

Mensaje  Bianca Grizzi el Vie Sep 04, 2009 12:02 am

Llevo un rato andando cuando llego a un sitio con olor a mar, recorrido por una agradable brisa, que me eriza la piel en un principio. Con pasos lentos, camino por la escasa hierba que cubre el lugar, acercandome al borde.
A medio camino, descubro a Salem, junto con otro chico que no conozco. Aunque en realidad, no conozco aun a nadie mas aparte de Salem.
Sonrio y me acerco, viendo que ha sacado la bolsa de chucherias. Al llegar a su lado, meto la mano de improviso en la bolsa de tela, sacando unas cuantas y metiendome una en la boca.
- ¿Has vuelto a perder al señor Darcy? - pregunto divertida, mirando al joven que lo acompaña. - Buenas noches - lo saludo con una sonrisa, metiendome otra bolita dulce en la boca.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Salem B. Von Lekker el Vie Sep 04, 2009 1:57 am

Esperaba inmóvil, casi como una estátua, a que el chico cogiera una de aquellas perlas dulces. Un sonido le alertó, aunque no se movió lo más mínimo; tan solo sus ojos buscaron la figura que se movía entre los matorrales. Con un poco de suerte, sería el conejo. Pero no.

Una figura femenina les salió al paso; la figura de una niña que se había convertido en mujer. Esperó de la misma manera a que la chica se le acercara y cogiera uno de aquellos caramelos que tanto atraían al señor Darcy, casi notando algo de mofa en el tono de su voz. Pero no le echó ninguna reprimenda, si no que lentamente descongeló su cuerpo, adoptando una posición más normal, aunque todavía con las golosinas en las manos.
-Mi querida Bianca, tan suspicaz como siempre -saludó, divertido, mientras retiraba el sombrero de su cabeza, simplemente para enseñarle a la chica el fondo hueco y deshabitado-. Puedes observar que, por desgracia, así es. Ese señor Darcy es demasiado vivaz para mi gusto. Quizás deberíamos matarle, sólo un poquito.

Una sonrisa que escondía un deje de locura asomó en sus labios, escondida rápidamente tras una suave carcajada. Colocó una de sus manos enguantadas sobre el brazo de la joven, acercándola a él, sonriéndole al chico que estaba junto a ellos.
-Señor Alexander, le presento a Bianca, mi pupila y, a veces me atrevería a decir, hija. Aunque tan solo nos unan lazos mágicos, que no sanguíneos.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Alexander Tessier el Vie Sep 04, 2009 2:45 pm

-El señor Darcy, me parece que aun no tengo el placer de conecerle y debo decir que me encantan los conejos- El singular personaje de sombrero se quito el sombrero y observe que su interior permanecía vacío, esto ya se había en un espectáculo de magia lo cual me agrada de manera que lo único que puede hacer fue sonreírle y mostrarme como in niño esperando una agradable sorpresa tratando de imaginar donde aparecería el conejo.

Empezó a buscar en sus bolsillos, hasta que me mostró una tela blanca que tenia unas bolitas de colores, la cuales deposito en el suelo, al parecer el conejo se había extraviado situación que confirme cuando escuche sus palabras

-Puede ser, Goloso jaja digamos que me gustan las golosinas señor Salem-

La escena fue interrumpida por una chica que se acerco a nosotros confirmando que el lindo conejo se había perdido, me saludo con una sonrisa la cual le devolví, y vi. como se llevaba a sus labios una golosina

-Buenas noches-

Escuche atento a la presentación y observe a la chica con una sonrisa en los labios y la mirada algo perdida en el horizonte

-Un placer Alexander- acto seguido puse mi mano a tras de mi espalda e incline la cabeza a manera de saludo,

-Al parecer el conejo no apareció, sin embargo las golosinas han atraído a un bello gorrión- comente en tono respetuoso refiriéndome a la chica poniendo mi atención en el señor Salem

-Quizás si decimos las palabras mágicas el señor Darcy aparecerá, cuales serán Salemkazam- les sonreí a ambos, aquella situación me recordaba cuanto me gustaba las ilusiones y la expectación de ver el siguiente truco
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Re: Los acantilados

Mensaje  Bianca Grizzi el Vie Sep 04, 2009 3:58 pm

Miro el interior del sombrero con algo de desinteres, llevandome otra golosina a los labios, y mirando al rededor, como si esperase que el señor Darcy apareciese en cualquier momento entre los matorrales.
Cuando Salem me coje del brazo me dejo llevar, mirandolo con algo de molestia por el comentario sobre el señor Darcy. Inclino la cabeza, saludando al chico que se presenta como Alexander, para luego hacer una reverencia, estirando levemente mi falda de gasa purpura, dejando ver unas altas botas negras, de cuero, recorridas por correas con hebillas plateadas y cruzando los tobillos, con una media sonrisa.

- Bianca Grizzi - digo con un marcado acento italiano - un placer - le sonrio de nuevo y vuelvo a m posicion inicial, dirijiendo mi mirada hacia las golosinas, mientras me llevo una a la boca, me sonrojo levemente por las palabras de Alexander.
Sonrio ante su broma, pensando en decir las palabras, a ver si de verdad aparece Darcy, pero opto por acercame a uno de los matorales mas cercano. Me siento en el suelo, con las piernas cruzadas y dejo un par de golosinas en el suelo, junto a las bajas ramas del matorral. Sin previo aviso, empiezo a entonar una melodia alegre, con los ojos cerrados y una sonrisa en los labios.

Momentos despues, una bolita de pelo gris con largas orejas aparece entre el follaje. Se come las dos grageas del suelo y se me queda mirando, como si estubiera escuchando al cancion. En cuanto abro los ojos, y antes de que me de tiempo a atraparlo, se escabulle de nuevo dentor del matorral.
Hago un mohin infantil, levantandoem del sueo y sacudiendome la falda.
- Este animal me va a volver loca - constato, volviendo al lado de Salem.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Salem B. Von Lekker el Vie Sep 04, 2009 11:13 pm

Tras dejar que los jóvenes disfrutaran de aquellas golosinas que solía reservar tan solo para su deleite y el del conejo que vivía en su sombrero, Salem guardó la bolsita de tela en uno de sus bolsillos. Miró altivamente a aquél joven, dibujando una sonrisa de medio lado mientras relajaba sus hombros, manteniéndose siempre firme. Aquél comentario, esa comparación de la joven aprendiz con un gorrión, pareció gustarle a la chica, por lo que se guardó cualquier tipo de comentario. Cuando Bianca se alejó para ponerse a cantar, cruzó sus manos sobre la esfera blanca y negra del extremo de su baston, cerrando los ojos. Con unos suaves golpecitos, seguía el ritmo de la melodía con el dedo índice de la mano izquierda.

Sin apenas mover más que simplemente la cabeza, dirigió unas palabras en susurros hacia Alexander, con una sonrisa de orgullo y placer dibujada en sus finos labios.
-Amigo, me temo que más que un gorrión, nos ha hecho una visita un bonito ruiseñor.
Pero la melodía terminó de pronto, lo que le obligó a abrir los ojos. Una bola peluda con largas orejas caídas estaba ahí, entre los presentes, tomando un par de dulces cerca de la joven. Salem se relamió, gustoso con que el truco de las gominolas hubiera funcionado. Siempre funciona cuando se trata de una mascota. Pero antes de que Bianca pudiera atraparle, el animal volvió a desaparecer, dejándo al viejo mago con una sonrísa irónica en el rostro.

-¿Sabe usted, señor Tessier, cual es la palabra indicada para llamar a un conejo? -Esperó unos segundos, una pausa teatral, de aquellas que salen automáticamente después de pasar años y años ante un público que espera, impaciente, alguna sorpresa que le haga fregarse los ojos de incredulidad-. Esa palabra es...
De nuevo quedó en silencio, sonriendo como un niño pequeño que está a punto de desvelarles a sus padres el secreto de por qué anoche había un par de dientes bajo su almohada y ahora, en cambio, hay un par de esos billetes verdes por los que la gente se vuelve tan mezquina. Un brillo de esperanza cubría sus ojos, siendo prácticamente capaz de oír el redoble de tambor que años pasados acompañaba estas palabras. Dio un brinco, dejando caer su preciado bastón al suelo, estirando sus extremidades de una manera muy poco apropiada.
-¡Zanahoria!

Ágilmente, una de sus manos enguantadas fue hasta el ala de su sombrero, retirándolo con un movimiento ascendente, dejando ver al señor Darcy haciéndo equilibrios sobre la brillante cabellera de su amo. Una sonrisa de satisfacción cubría el rostro del hombre, que esperaba impaciente el aplauso de un público vagamente escaso, que no por ello sumamente especial.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Alexander Tessier el Sáb Sep 05, 2009 1:45 am

Decidí tomar una golosina, en verdad estaba buenas y me traían gratos recuerdos de mi infancia y de cuando mis padres aun estaban vivos, asentí ante sus palabras y me fije como aquel mago adoptaba un pose elegante y sofisticada cruzando sus manos sobre la esfera en la cual terminaba su bastón , mientras escuchaba con atención el canto de aquel ruiseñor

-Mi estimado amigo esa es una afirmación correcta, su voz pude equipararse al ave que usted menciona, debió decirle que me siento sorprendido y complacido antes los trucos y el bello canto- al decir esto mire a Bianca sonriéndole, de repente me di cuenta que una hermosa cabeza con pelo y orejas largas se asomaba de entre los matorrales para robarse algunos dulces y después esconderse y escuchar como la joven se enfadaba por tener un animal escurridizo

-No sé cual sea la palabra Señor Von Lekker, no se cual sea la palabra mágica, pero veo que su amigo Darcy es algo escurridizo o más bien astuto diría yo solo sale por las golosinas, quizás es un ser mágico como voz- sabia que la magia consistía en trucos y movimientos rápidos de manos pero me gusta no pensar en ello y pensar que aquello era magia era más divertido pensarlo y admirarlo de esa forma, admirarme ante el as simple detalle siempre ha sido mi filosofía

Me quede esperando el secreto, la palabra mágica, internamente me sentía como un niño esperando abrir los regalos de navidad, no pude evitar reír cuando al fin la palabra mágica se reveló ante mi observando como el señor Darcy ahora era un equilibrista en su caballera, al ver ese hermoso no pude limitarme y aplaudí con todas mis fuerzas

-Bravo que hermoso espectáculo y que bello canto- mis manos aplaudían sinceramente y mis ojos se llenaron de un brillo especial como cuando era niño, la tristeza y la preocupación se habían esfumado al menos en esos momentos
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Re: Los acantilados

Mensaje  Bianca Grizzi el Mar Sep 08, 2009 12:11 pm

Sonrio inperceptiblemente ante sus comentarios, colocandome junto a Salem y mirandolos a uno y otro, sin comentar nada al respecto.
Entonces Salem empieza con su ya acostumbrado misterio, haciendo que frunza el ceño, intentando adivinar con que va a salir esta vez. Estoy a punto de soltar un leve improperio contra el animalejo peludo cuando Salem hace un extraña pantomima con brazos y piernas, haciendo que de mis labios brote una suave carcajada, mirando entre indignada y divertida al conejor que hace equilibrios sobre su cabellera.

- ¿Como la has hecho? Lo llego a saber y no muevo un dedo por el - digo con un mohin infantil, dandole un leve golpecito con el dedo al conejor en el costado. A pesar de esto, aplaudo con una sonrisa, agradeciendole el cumplido a Alexander con un movimiento agil de la cabeza, para luego coger el ultimo par de gominolas que he guardado en el bolsillo, metiedomelas en la boca y saboreandolas como si la vida me fuera en ello.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Salem B. Von Lekker el Mar Sep 08, 2009 1:27 pm

Finalmente, el joven reacciona tal y como Salem había esperado. Aquellos aplausos y risas llenan sus oídos, embriagándolo de aquella felicidad que tan solo se puede alcanzar cuando le arrancas a una persona una sonrisa. Para más inri, Bianca se había unido al corrillo, lo que le hizo aún más feliz.

-Amigo mío, tiene usted toda la razón. El seño Darcy es todo un mago; es más, es mi mentor transformado en animal -añadió estas últimas palabras en un susurro, inclinándose hacia Alexander, como quien cuenta un secreto-.Bien, pequeño, hora de volver a casa. De momento te quedarás aquí.
Volvió a colocar el sombrero en su cabeza, haciendo desaparecer así al conejo que seguía haciendo equilibrios por no caerse de su cabeza. Para comprobar que el animal ya no estaba, volvió a levantar el ala de sus sombrero, mostrándole a su espectador el hueco vacío que allí había.

Con un suspiro de alivio por que aquél truco le saliera bien, volvió a colocarse correctamente, mirando esta vez a su aprendiz. Nego con el dedo índice de su mano, con una sonrisa pícara en el rostro.
-Querida, no podemos hablar de esas cosas con el público delante. Ya sabes, un mago jamás rebela sus secretos.
Dijo secretos, que no trucos. Salem sabía perfectamente que su oficio no se basaba más que en ilusiones, en bonitas mentiras que hacían pensar a una persona que la magia, realmente, existía. Él lo pensaba, lo creía, y por ello se esforzaba en demostrarlo.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Alexander Tessier el Mar Sep 08, 2009 4:01 pm

-Que gran espectáculo señor, debo decir que es usted un excelente ilusionista, no me había emocionado tanto desde que era niño y mis padres aun vivían, gracias por el grato recuerdo-

El sol perfilaba nuestras sombras sobre la madera del acantilado, Bianca y Salem hacían una pareja extraordinaria, maestro y aprendiz disfrutaron de los aplausos como si ello fuese el alimento mismo que los mantenía en pie, después pude comprobar que el señor Darcy volvió a desaparecer y mi ojos se abrieron como un par de platos

-Un hermoso ruiseñor y un felino mágico, el ave inspira y evoca recuerdos placenteros mientras que el felino busca el momento exacto para sorprender creando una ilusión mas allá de lo creíble- realice ese analogía por que aquella pareja era de esa forma la dama era un ave hermosa y el ilusionista era tan elegante, misterioso como un felino, su forma de actuar me recordaba a luna la gata del cementerio

-Perdonen la analogía pero esas son las palabras que me inspiraron después de ver esa ilusión tan hermosa, quizás lo que falte para el complemento de este show de verano es que tanto el caballero como un servidor escuchemos cantar al ruiseñor, si esta usted de acuerdo señorita y caballero claro esta-

Por tan solo unos instantes los acantilados se habían convertido en un lugar mágico donde cualquier cosa podría pasar inclusive llegue a pensar que en cualquier momentos mis padres y mi abuelo aparecerían de entre los matorrales tal como lo hizo el señor Darcy, sabia que era un pensamiento absurdo pero mi corazón se sentía inflado al hacerlo, de manera que di un suspiro y espera la respuesta tanto del padre como de la hija.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Bianca Grizzi el Mar Sep 08, 2009 10:19 pm

Sonrio divertida ante las palabras de Salem, rememorando la cantidad de veces que me ha dicho lo mismo, y la cantidad de veces que me he quedado con la duda de que significan en realidad esas palabras.
- Un maestro bastante excentrico, diria yo - contesto, observando como el hombre tapa al conejo, para eug vovler a levantar el sombrero, dejando ver que este ya no esta.

Entonces, con inocencia, abro los ojos exageradamente, tapandome la boca con dos dedos.
- Lo siento Salem, no lo recodaba - luego dibujo una sonrisita, para guiñarle un ojo y volverme hacia el chico, que un conserva ese brillo infantil en los, lo que me hace agrandar la sonrisa, contenta de que nuestra actuacion haya causado este efecto en el.

Escucho su nuevo comparacion con los ojos brillantes, para luego asentir ante su peticion, apartandome un par de pasos de ellos y cerrando los ojos. Despues de dar un largo sorbo de aire, una suave melodia empieza a brotar de mis labios, llenando el lugar de una atmosfera tranquila y magica.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Salem B. Von Lekker el Mar Sep 08, 2009 10:39 pm

-Interesante -murmuró ante las palabras del chico-. Quizás deba probar de convertirme en un lindo gatito y hacer con Bianca lo propio, ¿qué le parece?

Río, una risa suave y melodiosa, acorde con todo su ser. Pero pronto comprendió que su momento de gloria había terminado, y era hora de que su pajarito echara a volar y encandilara por sí sola a ese muchacho que tan fascinado estaba con sus quehaceres. Realmente era extraño encontrar a alguien de su edad dispuesto a disfrutar de un espectáculo como ese, aun que fuera gratuito. Pero, por lo que pudo deducir de aquellas palabras que Alexander dejó ir, aquél muchacho medio vivía en el pasado. Mientras la chica empezaba a cantar, él se dedicó a estudiar al joven, imaginando las mil y una cosas que podría haberle pasado al pobre y a sus padres.

De nuevo, apoyó su peso sobre la baranda de madera con las manos, dirijiendo su mirada hacia el infinito mar. A sus espaldas, la chica cantaba aquella extraña canción, extraña para él. Se limitó a cerrar los ojos, soñándo despierto con un pasado tan lejano que no era capaz de verlo en color.
-¿No le resulta... Maravilloso? Adoro a esa pequeña -murmuró en un susurro, no queriendo estropear el momento de la joven.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Alexander Tessier el Mar Sep 08, 2009 11:48 pm

La joven empezó a entonar una melodía cuyos ecos resonaban en mi mente recordando tiempo lejanos además de encuadrar perfectamente la vista que se ofrecía con su hermoso canto, cada nota, y cada tono emitido por su garganta era una delicia para mis oídos ,vi como Salem se apostaba en la barda y cerraba los ojos como para intentar recordar algo que no alcanzaba visualizar correctamente en su mente, para no ser descortés y realmente apreciar el espectáculo me fui hacia la barda y me recargue de manera que mi cuerpo quedaba enfrente de la chica y a un lado del señor Mago

La melodía continuaba mientras el mar rompía sus olas en las piedras, fungiendo como un sonido ambiental que ritmaba con lo que señorita Bianca cantaba, hice lo mismo que el señor Salem cerré los ojos y me deje fluir con lo calido del ambiente y la música, con lo ojos cerrados escuche el murmullo entendible del señor Von Lekker

-Es una linda señorita y le ha educado muy bien en las bellas artes- susurre al igual que el mientras nos dejábamos envolver por la música, era increíble que la voz de una persona pudiera causar tantas sensaciones pero sobre todo evocar tantos recuerdos

-Si me permite decirlo, creo que ha sido un buen padre-

Una sonrisa emano de mi rostro, después de todo la joven tenia a alguien y los momentos por los cuales yo pasaba podrían significar que ya no tuviera nadie, aleje esos pensamientos de mi cabeza y seguí disfrutando del momento abocándome solo en el presente


Última edición por Alexander Tessier el Miér Sep 09, 2009 3:12 pm, editado 1 vez
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Re: Los acantilados

Mensaje  Bianca Grizzi el Miér Sep 09, 2009 1:00 pm

Sigo con la cancion, perdiendome en sus notas aun con los ojos cerrados. No se de donde la he sacado, pero tampoco importa mucho. Lentamente, acabo la cancion, llegando a oir el murmullo de Alexander dirijido a Salem.
Sonriendo, me acerco con lentitud, temerosa de estropear el magico momento. Cuando llego al lado de los dos varones, paso un brazo por los hombros de Salem, con cariño, aun con la sonrisa en los labios.

- Un gran padre y un gran maestro - constato, percatandome de que el chico parece creer que Salem es realmente mi padre. Ya me gustaria a mi que lo fuera.
Los recuerdos de mi infancia vuelven entonces a mi, dejandome momentaneamente sin respiracion, siendo estos demasiado dolorosos e intensos como para poder pensar en ello mientras hay gente al rededor. Sacudiendo levemente la cabeza, aparto estos pensamientos de mi mente, centrando de nuevo mi mirada en mi mentor, esperando alguna respuesta por su parte.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Salem B. Von Lekker el Miér Sep 09, 2009 1:30 pm

Una sonrisa algo amarga cruzó su rostro en aquél preciso momento. Quizás la palabra "padre" no era la más correcta para referirse a él, dado que no era el biológico de la chica. Pero sí que era cierto que la había acogido en su casa cuando no era más que una niña, un milagro que se cruzó en su vida para devolverle la luz y el color a su manera de ver las cosas. Finalmente abrió los ojos, notando un silencio tranquilo a su alrededor y el tacto cariñoso de la joven en sus hombros. Miró a Alexander con aquella expresión de misterio que tanto le caracterizaba, ya que de tanto adoptarla en sus juegos, se le había quedado.

-No tienen por qué alagarme tanto, jovenes, que eso ya lo sé.
Su rostro se relajó, mostrándo una cálida sonrisa. Al volver la vista hacia Bianca, notó en su mirada los recuerdos que estaban pasando por su cabeza en ese mismo instante. Con un ágil movimiento de muñeca, hizo aparecer un pequeño ramo de crisantemos entre sus dedos. Por unos segundos, lo dejó en sus manos, llevándolo a su nariz para disfrutar del olor. Acto seguido, se lo tendió a la chica con una agradable sonrisa.

-En esta vida, hay que aprender a olvidar los malos momentos y atesorar los buenos -comenzó a hablar, mirando las flores-.Esos momentos son lo único que nos hará compañía cuando nos sentemos en una mecedora a ver cómo caen las hojas en el otoño de nuestra vida.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Alexander Tessier el Miér Sep 09, 2009 3:32 pm

La joven terminó la canción y fue a abrazar a Salem con cariño confirmando lo que le dije en murmullos mientras disfrutábamos de la melodía, sin embargo vuelve a perderse en el horizonte supongo que en recuerdos lejanos, en esos momentos no era el único con algún dolor del pasado al cual recordar, sin embargo Salem era demasiado observar habilidad que debía tener puesto que para dedicarse debía de serlo; al parecer el padre se había dado cuenta de que su hija estaba recordando algo triste, acto seguido hizo una ilusión regalándole unas flores a Bianca para sacarle de trance.

-No es un halago es la verdad, y aunque lo sepa es bueno para su corazón que lo escuche, ya que es una manera de validar lo que ha hecho-

Miraba a los dos con una mirada de confianza y tranquilidad, deje de cruzarme de brazos para que mi expresión corporal no reflejara ningún rechazo hacia aquellas dos amables personas que acababa de conocer, mientras escuchaba la profunda reflexión de una persona cuya experiencia en la vida se reflejaba en sus palabras, asentí con la cabeza ante lo que decía

-Es cierto es importante que los momentos de felicidad se atesoren en el corazón y siempre se tenga presentes para no olvidar quienes somos lo que fuimos y lo que hemos aprendido a lo largo de la brecha de la vida, pero aun no creo que estemos en el otoño de la misma, y lo importante es que el corazón se mantenga joven ya que como acto reflejo nuestra mirada jamás perderá la inocencia-

Suspire y me pare erguido ante ellos, mi mirada se torno intensa pero a la vez dulce y transparente, sintiendo como las emociones brotaban de mi piel.

-Se dice que las coincidencias no existen, y no se si el destino existe o no pero lo que si puedo decir es Gracias por esta pausa mágica en mi vida-
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Re: Los acantilados

Mensaje  Epiphany J. Murray el Sáb Nov 07, 2009 1:55 pm

No sabe porque, pero hoy, tras un largo paseo por la playa, sus pasos le han llevado hasta aquel lugar que, realmente, no es en el que más le conviene estar si tenemos en cuenta que su estado de ánimo ha ido empeorando día a día hasta llevarla a una depresión mezclada con un cuadro ansioso acentuado por el insomnio. No, desde luego, unos acantilados cuya caída puede ser mortal no son una buena idea.

Y, sin embargo, hasta allí la han hecho llegar sus pies, enfundados en los zapatos negros... Negro, color presente en ella por todas partes, bien visible, desde lo que ocurrió: falda larga hasta los tobillos, de ese color, jersey de cuello alto, ancho y tapado, también negro. Y hasta su mirada azul cielo parece negra hoy, quizá porque refleje como se siente por dentro. Parece que quiera esconderse del mundo mediante esas ropas oscuras y que apenas dejan ver una porción de piel.

Camina hasta la valla madera, arrastrando los pies, cabizbaja, y con sus manitas entrelazadas. Y las apoya en el borde, poniéndose de puntillas y asomándose: Sería taaaan fácil. Solo tendría que saltar la valla y después... Dejarse caer, dejarse llevar a un pequeño descanso. Incluso parece que el ruído de las olas al chocar entre las rocas, allá abajo, la esté llamando para que vaya, para que se conceda así misma un respiro, paz...

Como si se lo estuviera pensando, o quizá solo recreándose, pero sin llegar a hacer nada más, sin decir una palabra, se queda así: de puntillas y con las pequeñas manos aferradas al borde de la valla, asomada hacia el mar embrabecido cuyo azul no se parece nada al celeste de sus ojos...
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Re: Los acantilados

Mensaje  Allan 'Mephisto' Cohen el Sáb Nov 07, 2009 2:05 pm

Los acantilados eran un lugar hermoso, en cierto modo. Se extendía lleno de rocas pulidas por el viento y a la vez mortalmente puntiagudas y abajo solo se veía el azul del mar, que ese día se mostraba calmado. No hacía mal tiempo últimamente, podía decirse que incluso era agradable. Mephisto se había puesto una camiseta de manga corta aquel día, con el logo de uno de tantos grupos de rock que solía escuchar y que muchos desconocían, y no tenía frío.

Solía subir allí arriba cuando necesitaba pensar y tras una discursión siempre era necesario pensar. Solo quedaba eso o enfurruñarse y no salir de un hosco encierro. La discursión no había sido para tanto en realidad, otra vez su padre, otra vez la mirada de reproche de su hermano y otra vez los suspiros de su madre. Resultaba cansado, agotador, una rutina casi. No faltaba la discursión semanal sobre él. ¿Debería cambiar? Él no lo creía pero hasta que no lo hiciera seguiría. Y él quería un poco de paz. Pero era un precio demasiado alto.

Dió un golpe con la punta de las deportivas a una piedrecita suelta. Los acantilados quizá no eran el mejor sitio tras una pelea. Muchos románticos a los que leían habían acabado suicidándose. Él no se lo planteaba. La vida era hermosa en sus sufrimientos. Aunque hoy fuera un día gris ceniciento llegaría otro mejor.
Nada dura. Ni lo bueno, ni lo malo. Solo había que ver la botella medio llena o medio vacía y eso era voluntad de la persona siempre.

Observa la pequeña piedrecita que rueda hasta llegar junto a la valla protectora del acantilado. Una valla fácil de saltar que da risa. Pero había algo más. La piedra se había detenido junto a los pies de una chica. Mephisto la miró. oscura. Ese fue el primer pensamiento que acudió a su mente al ver su ropa oscura, sus ojos también oscuros contemplando el acantilado... como si la hubieran sacado de una triste pintura.
Se aproximó a ella y apoyó los antebrazos en la valla.


-¿En qué piensas? -era una locura preguntarle eso a una desconocida de pronto en un acantilado. Sobre todo si esa desconocida era Epiphanie. La había reconocido porque, aunque no se llevaran mucho, todos los antisociales de un colegio se conocen, aunque solo fuera de cara, y ella era una de las que iba al St. Mary becada. Parecía más antisocial que de costumbre. A pesar de ello la pregunta se le antojó adecuada, al menos en su mente antes de pronunciarla.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Epiphany J. Murray el Sáb Nov 07, 2009 2:17 pm

Las rocas puntiagudas serpenteadas por el már, al final de la caída larga que tiene frente a si misma, resultan hechizantes, magnéticas... Como si en cada morir de las olas el ruído fuese una voz que le susurra que lo haga, que salté... Pero ella sigue ahí parada, sin realizar ningun movimiento, sin apenas pestañear, como si ni si quiera estuviese respirando... Aunque obviamente si lo esté haciendo, claro está, porque sigue viva.... Si es que eso es vida.

Está tan absorta en lo que puede parecer incluso una conversación con el mar, que se ve reflejado en sus ojos claros y grandes, que no se percata de que ya no está a solas con sus fantasmas, sino que alguien más ha aparecido. No, no se da cuenta, al igual que tampoco se da cuenta de que hay una pequeña intrusa, una piedrecita, entre sus pequeños pies cansados y tan doloridos como cada centímetro suyo de piel... Y de alma.

Alza una de sus manos, más pálidas que de costumbra, para apartarse un par de mechones de corto cabello azabache que la brisa marina, que impregna su rostro de aroma salado, había hecho que nublasen su vista. Y luego la deja caer de nuevo sobre la valla, casi colgando por el esfuerzo que le supone asomarse de puntillas dada su poca altura... Sí, parece que sus pies estén ligeramente elevados del suelo inclusive, cosa no muy aconsejable.

Hasta que escucha la voz que la saca de sus pensamientos, pero en ese momento no se gira, sencillamente, como si creyese que esa pregunta ha sido formulada por su torturada mente, se limita a responder:


-En que en este lugar sería muy fácil, demasiado, huír de los problemas solo con un salto... -Responde, en un tono de voz que no da a entender si lo considera correcto o incorrecto, si se lo ha planteado o solo le parece curioso... Nada, no hay nada delatable en sus palabras tal y como las dice.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Allan 'Mephisto' Cohen el Sáb Nov 07, 2009 2:29 pm

La muchacha seguía observando el mar con sus ojos oscuros. Mephisto siguió su mirada, contemplando las batientes rocas. Los acantilados siempre le han parecido la mejor manifestación de la lucha de la tierra contra el mar: este intenta destrozar las rocas con sus golpes, incansable, lamiendo la piedra, erosionando los peñascos... pero la tierra aguanta también incansable en un ciclo eterno en el que el mar logra avanzar poco a poco derribando rocas del acantilado, aunque estas lejos de ser derrotadas únicamente pasan a observar las aguas desde debajo de estas, silenciosas...

De reojo se da cuenta de que Epiphany estaba de puntillas, con las manos sobre al valla. Miraba el mar embelesada y el viento agitaba sus cabellos cortos. Una preciosa imagen. El cielo sobre ellos era gris y había algunas nubes, y el aire aún cálido soplaba a su alrededor.

Escuchó las palabras de la joven. No había creido que fuera a responderle de verdad. Epiphany siempre había sido cerrada, sin necesidad de relacionarse con los demás, al menos con él no había dado muestras de lo contrario. Pero le respondió. Su voz sonaba tranquila, hechizada por el mar y la caida, pero sus palabras suenan sinceras. Allan volvió a mirar el acantilado, el barranco.

¿Pensaba Epiphany tirarase de verdad? Había oido a gente hablar del suicidio alguna vez, pero nunca había conocido a nadie que lo hiciera. Se necesitaba mucho valor para eso, aunque no tengas miedo a la muerte. ¿Y al dolor? Las rocas en el fondo son puntiagudas y destrozarían tu cuerpo. ¿Lo sentirías? ¿Y después? Mephisto sacudió la cabeza, aún pensando. ¿Qué le habría pasado a la muchacha para plantearselo siquiera, para estar allí? No sabía nada de ella. Nada en absoluto. Solo que era una becada que se relacionaba poco en su colegio. ¿Y fuera? Quizá tuviera decenas de amigos. O quizá no. Quizá tenía un familiar que maltrataba a otro, su abuela se había muerto, o cualquier cosa de esas. Lo mismo todo le iba bien. No había forma de saberlo. Él solo sabía que...

-Huir no sirve de nada. Deja el problema donde estaba, únicamente tú no estas y lo transporta a otra persona. No es la solución -dijo Mephisto, aún contemplando el mar.
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