Los acantilados

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Re: Los acantilados

Mensaje  Epiphany J. Murray el Sáb Nov 07, 2009 2:42 pm

Durante unos segundos parece que no le haya escuchado, que su atención esté tan puesta en las palabras que el mar susurra solo para ella, que no haya podido atender a la respuesta de su nuevo acompañante, a quien aún no ha mirado, dando más aspecto a la situación de extraña, y a si misma de no estar ahí, en ese lugar, con esa persona, y en ese momento, sino en alguna otra parte, cualquiera, puede que entre las rocas, flotando, o puede que lejos de allí.

Pero finalmente, muy despacio, ladea su rostro hasta fijar sus ojos que, siendo del azul más claro, celestes como el cielo, parecen oscuros porque eso es lo que se lee en estos: abrupta oscuridad, como la de dos pozos que ocultan miles de secretos que ella no va a dejar que salgan a la luz, que no va a revelar a nadie, que ha encerrado bajo candado tirando la llave al fondo del mar que ahora se expande bajo ellos, luchando contra las rocas afiladas, como un monstruo mostrando sus fauces y dispuesto a tragarse a cualquiera que se atreva a dejarse caer.

Esos ojos se fijan en los de él, con una mirada inexpresiva, ida, tanto como lo es su rostro ojeroso y demacrado, en el que solo se lee vacío, y esboza una sonrisa antinatural que nada encaja con ella ahora mismo, antes de responderle:

-Quizá por eso sigo aquí arriba -O porque bastante dicen de ella las cicatrices de sus muñecas, escondidas por las mangas, como para, de no lograrlo, tener que dar una explicación a estar llena de magulladoras y ser víctima de una pulmonía... Quizá sea ese motivo, quizá no- ¿Y que problema tiene el hijo pródigo del director que no desee dejar en manos de nadie?

Lo pregunta, sin curiosidad, sin malicia y sin acusaciones porque él sea quien es: ella nunca se ha acercado, igual que él tampoco a ella, pero solo con verle sabe que es alguien que lucha por ser lo contrario a lo que le exigen ser... Igual que ella misma hacía, siendo como ella quería y no como su padre le coaccionaba. Seguramente, o eso intuye, el padre de ese chico, cuyo nombre no recuerda pero sí el apellido, también peleará contra su hijo para que sea como el insoportable de su hermano, ese que la humilla por los pasillos por ser una becada venida a menos.

No dice nada de eso, no hace falta, sencillamente vuelve a girar el rostro hacia el frente, clavando las dos lunas azules que son sus ojos, hoy sufriendo un eclipse de noche, esta vez en el horizonte... Perdiéndose.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Allan 'Mephisto' Cohen el Sáb Nov 07, 2009 2:57 pm

El mundo nos habla. Es algo que cuesta darse cuenta de ello. Mucha gente muere sin saberlo nunca, pero otros se dan cuenta. Los árboles, los animales, las propias ciudades, el mar... todo tiene una voz propia, y te susurran al oido, susurros dificiles de apreciar y de discernir, pero que ahí están. Epiphany había sido hechizada por el mar, lo sabe al verla, seguramente su voz le sonaría lejana en comparación con la de las olas.

Pero que la naturaleza hable no implica necesariamente que sus palabras sean buenas, al igual que no siempre un político dice la verdad o alguien desea lo mejor para los demás. Se preguntó qué significaban para el mar y las rocas aquellos que perdían la vida entre sus brazos. ¿Qué les prometían secretamente? ¿Que entre sus brazos hallarían la paz? Una paz que solo sería sangre y muerte, aunque paz.

Mephisto apartó la mirada del acantialdo. De pronto todo cuanto le rodeaba se le antojó violento, amenazante. Los árboles, la hierba, sobre todo el mar que buscaba tragarselo.
La voz de la joven llega en el momento idóneo, sacándole de tan funestos pensamientos.
No sabe que pensar respecto al comentario de Epiphany. No era asunto suyo qué hiciera allí. Ella era libre, no eran amigos, no tenía permiso de ese que solo tienen los amigos para interrogarla sobre su actitud y sus motivos. Ni siquiera se conocen lo más mínimo. Habían vivido años juntos, dado que tenían una edad similar, y no sabía nada sobre ella... ¡Que extraño resultaba!

Entonces llegó la pregunta y el rostro del chico se oscureció, aún mirando aquellos ojos azules que deberían ser como un cielo de primavera y más parecían un cielo nocturno sin luna. No le gustaba que hicieran referencias a su padre para tratar con él. Le incomodaba, lo tomaba como un juicio sobre sí mismo. No se lo esperaba de ella. Ella debería saber, por haber convivido con él, que no era como su padre, ni como su hermano, ni como los típicos alumnos del St. Mary.
Se da cuenta al mirarla a los ojos de nuevo de que su intención no era esa. Pero no puede librarse de aquella idea. Suspira y mira el cielo, abierto, libre. Mucho más que el mar.

-Necesitaba pensar -admite al final sin dar más detalles. ¿Por qué los ojos de Epiphany eran de pronto tan oscuros? le habría gustado preguntarselo tanto... pero en caso de que ella hablase, él tendría que hablar. Aún así se volvió hacia ella, tendiéndole la mano-. Entonces, si no vas a tirarte... ¿quieres venir a un sitio más cómodo? -le ofreció.

Estúpido, se dijo. ¿Para qué ella va a querer venir contigo? Bueno, por intentarlo que no quede.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Epiphany J. Murray el Sáb Nov 07, 2009 3:12 pm

Y, nuevamente, el mar le habla... Le susurra mentiras con las que atraerla hacia él, hacia su fondo. Por eso ella trata de no escuchar, de no mirar... Y sus ojos se pierden en el horizonte, para alejarse de pensamientos que no llevan a ninguna parte. Sí, ha sido mancillada, ensuciada, y no puede acercarse a la única persona entre cuyos brazos encontraría consuelo porque le pondría en peligro... Pero saltar a reunirse con las rocas no ha sido buena idea, al igual que no lo fue descoserse los puntos y reabrir sus cortes... Solo que ahora lo sabe.

Aunque no está mirando al chico, sabe que debe haberse sentido mal por su pregunta y, sin embargo, no logra girarse hacia él, mirarle y disculparse... ¿Por qué? La antigua Epihpany, aunque se relacionaba poco, se relacionaba de forma amable. Y ella, ahora, no tiene ganas de ser simpática, de pedir perdón, de ser educada... Solo tiene ganas de que el horizonte estire un brazo y la trague, llevándola a algun otro plano paralelo en el que sus problemas ni la acompañen ni se queden en manos de nadie.

Pese a todo, ella tiene la misma extraña sensación que él: Había convivido desde unos años con ese chico, desde que le concedieron a ella en la beca. De hecho, aunque no hayan compartido clase, si ha estado con él en actividades extraescolares, en excursiones, y se ha cruzado miles de veces con él por los pasillos, o le ha visto en el patio, solo, como ella, al igual que durante las comidas... Y, sin embargo, nunca han hablado. ¿Es que acaso los muros del St.Mary hacen que cualquier persona se vuelva inaccesible? ¿O será que las personas, lejos de esa jaula de oro, se muestran tal y como son? No, ella con casi nadie se muestra tal y como es, sea fuera o dentro del colegio... ¿Entonces qué es?

No lo sabe, pero eso no impide que ladee el rostro hacia él cuando habla: pensar... Sí, sin duda alguna, coincide con él. Pensar, un acto peligroso y, sin embargo, necesario si quieres ser minimamente libre. Pensar, el verbo que lleva a muchos a la depresión y a otros les hace encontrar su respuesta. Pensar, lo que la mayoría de sus compañeros de colegio desde luego no sabe hacer...


-Entonces compartimos motivo para estar aquí -Responde, clavando sus ojos, tan claros como oscuros, en los de él- Depende de lo que entiendas por comidad -Dice, soltándose de la valla y quedando de pie, junto a él, pero sin aceptar su mano, sino entrelazando las suyas propias y apoyándolas sobre su vientre, como si temiese ser tocada... Cosa que en parte es cierta.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Allan 'Mephisto' Cohen el Sáb Nov 07, 2009 3:25 pm

Dentro de lo que cabe la vida siempre le había ido medianamente bien, sobre todo en los últimos años. Tiene la suerte de que su familia tnega dinero, de poner tener siempre algo que comer y ropa que ponerse, de tener una familia por desagradable que esta pudiera resultar en ocasiones, de tener una casa, bastante buena además, donde dormir y vivir, de tener un buen colegio al que ir a pesar de la fauna del que está poblado. A veces pensaba que debería dejar de quejarse y disfrutar de ello, sin más. Y, sin embargo... físicamente era más que suficiente, pero no lo era para su alma.

Su alma solo podía ver que su vida era una preciosa jaula de barrotes de oro. ¿de qué servía todo lo que le rodeaba? De nada, de nada en absoluto. Esa idea le ahogaba, como unas manos al rededor del cuello del que colgaban varios colgantes: un pentáculo de plata, un dado de viente violeta... La discursión de hacía menos de una hora, el susurro del mar embaucador, los ojos tristes de Epiphany, acentuan aquella sensación y le cuesta respirar. Pero físicamente no lo aparenta.


-¿No lo notas? -preguntó casi con desesperación, en voz queda. Pero ella terminó de pensar sus palabras anteriores y le miró, con aquellos ojos que eran dos pozos. ¿por qué eran así ahora? ¿Por qué? Ella se vuelve hacia él pero no acepta su mano, de modo que la retira.

Un muro. Eso era. Un muro tejido por la propia vida, por el no haber hablado antes, por el desconocimiento. Ella sufre, no sabe el qué, pero lo ve. No es un sufrimiento que le arranque lágrimas ahora, es más hondo. es ese tipo de sufrimientos que son como desiertos, llanos, yermos, vacíos, muertos, donde el viento sopla sobre las arenas, impidiendo que cicatrice ese dolor. Pero él no tiene derecho a preguntar. Así lo siente.

Respira hondo, una vez, y sus pulmones se llenan del aroma a salitre y otoño. Cierra los ojos un instante, desterrando esa sensación opresiva de su pecho y cuando los abre vuelve a mirar a la chica con amabilidad.

-A sentarnos mismamente junto a los árboles -dice sin más. Señaló con la cabeza un grupo de arboles cercanos.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Epiphany J. Murray el Sáb Nov 07, 2009 3:39 pm

No le ha pasado desapercibida la pregunta que él ha lanzado en su desesperación, ni ese aspecto de estar afixiado, atrapado... Casi tanto como lo está ella, aunque seguramente por distintos motivos. Eso la desconcierta y asusta, pero a la vez le hace sentirse identificada con él, y por eso habla de nuevo:

-¿Notar qué? -Susurra, sin dejar de mirarle- ¿Qué eres un cuervo negro, ave nacida para ser libre, atrapado en una jaula de oro cuyos lujos nunca servirán para llenar su alma como lo haría el simple viento agitado bajo tus alas? -Es más una respuesta que una pregunta, pese a que por el tono parezca lo contrario- Quizá si lo note, aquí y ahora, pese a que ni recuerde tu nombre... -Comenta pensativa.

Cruza los brazos sobre el pecho, en un afán por protegerse, por crear un escudo invisible... Como si notase que el indaga demasiado en ella, igual que ella inconscientemente lo ha hecho con él. Eso le asusta: no quiere que nadie más cale hondo en ella, Edward lo hizo y ahora, además de haberle puesto en peligro a él, le ha perdido sufriendo ella, sola, siempre sola... Como nunca debió dejar de estar y como nunca más debe dejar de estar.

Mira hacia la dirección que señala y asiente, como dando su aprobación para, sin decir una palabra, sin esperar a que él la guíe, comenzar a andar, cabizbaja, arrastrando los pies, dando así más aspecto de alma en pena que de persona, hasta dejarse caer bajo uno de los árboles, apoyando su espalda en el tronco y pegando las rodillas a su pecho y rodeando esta con sus brazos, nuevamente una barrera fisica simbolizando la que impide que la gente lea en sus ojos de cielo, apoya la barbilla entre ambos brazos y, sin mirar hacia Mephisto, espera a que se una a ella, mirando hacia un punto cualquiera del paisaje.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Allan 'Mephisto' Cohen el Sáb Nov 07, 2009 3:52 pm

La pregunta la había lanzado al aire, en un momento agobiado y desesperado en el cual casi había creido que estaba solo. Y desearía haberlo estado. No le gusta que los demás sepan de él, prefería ser una sombra, o un marginado, le daba igual en el fondo pues el resultado era el mismo: soledad. Con comentarios hoscos, burlas, sarcasmos, extravagantes o raros, alejaba a la gente de él y en el colegio había servido.

Pensó si soltar algo del estilo a Epiphany ante su comentario pero su voz era un susurro lejano, como si ella estuviera tan atrapada como él, y solo eso le detiene. No responderá, pero tampoco tiene por qué dañarla, concluyó. Bastante rota parecía ya.

Por fortuna hizo caso de su comentario y se apartó del acantilado, aproximandose a los árboles y sentandose bajo uno. Parecía fuera de lugar allí.

Él también se aproxima mientras piensa en la comapración de ella. Un cuervo negro, ¿qué grita "Nunca más"? Tal vez. Nunca se había considerado a sí mismo un cuervo, si no más bien un alma errante que ni siquiera sabe a dóbde queire llegar a parar.

Como en aquella conversación. ¿Qué esperaba conseguir de Epiphany? ¿Qué le revelase sus secretos, le abriera su corazón, consolarla? Si es que podía. No sabía que le pasaba, quizá fuera algo horrible, o quizá no. La incertudimbre era aquello, no saber nada para bien o para mal.
Se sentó frente a ella, pensativo. Ojala tuviera allí su guitarra... con las prisas se había ido de casa con lo puesto y ahora lo echaba en falta. Tocar limpiaba su interior como una caricia, le ayudaba a aclararse.
Pero no la tenía, así que lamentarse no serviría de nada.

-Puedes contarme lo que te pasa... si quieres -le ofreció. Escuchar también le gustaba, quizá así se calmase su alma, al ver que no solo él tenía problemas. Soltó la propuesta, a pesar de saber que era muy baja la posibilidad de que ella aceptae. Intentó incrementarla -. Al fin y al cabo somos desconocidos... no podré usarlo para tí y quizá no volvamos a hablar nunca.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Epiphany J. Murray el Sáb Nov 07, 2009 4:17 pm

Mephisto llega hasta ella, sumido en pensamientos que desconoce, pero que intuye que en parte son causados por su desafortunada respuesta a la desesperada pregunta de él. Por eso se mantiene en silencio, a la espera, alzando levemente el rostro que enterraba en las rodillas para mirarle fijamente cuando este se sienta enfrente suyo. Se limita a mirarle, clavando sus dos luceros celestiales, hoy apagados, en los ojos de águila de él.

Ante sus palabras se muerde el labio inferior, nerviosa... No es que no le venga bien contar las cosas es que, al igual que él, ella prefiere que nadie sepa nada. Ella siempre ha alejado a la gente con su apariencia introvertida, encerrándose en su guitarra, olvidada en casa de Edward y que nunca más quiere volver a tocar, porque no se considera ya digna de la musica, o en sus libros, o simplemente en la melodía que sonaba desde el mp3 con el que se aislaba de todos. Y ahora, sin embargo, no tenía ninguna de esas cosas para evadirse y olvidar que está en compañía...

Ella no debe hablar de lo suyo, él tampoco quiere hablar de si mismo... Y, sin embargo a ambos les vendría bien desahogarse, y ambos lo sabían, seguro. Pero no por saberlo ella iba a hacer nada. Ya no era solo desconfianza, ni miedo, era culpabilidad... Además, ¿quién le dice que ese chico no podría ponerse en peligro si ella le dijese lo que de verdad le sucedía? Nadie se lo garantizaba y, con tener a una persona, la persona que quería, alejada de su vida por no hacer que la de este peligre, era suficiente... Dos vidas serían demasiadas.


-No se trata de que puedas usarlo o no, se trata de que si te lo contase te pondría en peligro -Responde con un hilo de voz- Digamos que... Alguien me transformó en algo indignó de la persona a la que quiero, pero tuve que dejar que me transformara en eso para proteger a dicha persona de ese alguien... -Las palabras se traban y se mezclan, liándose ella sola, pero... En fin- ...y, además, ese alguien no se conformó con la metamorfosis causada, sino que además me hizo apartarme de la persona amada para que no sufriese ningun daño... -Si pudiera explicar más... Pero no puede, no debe.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Allan 'Mephisto' Cohen el Sáb Nov 07, 2009 4:30 pm

Agradece en silencio que ella no siga presionandole tras su extraña respuesta anterior. Sabe, al mirarla, de alguna froma extraña y sin explicación, que ella sabe algo sobre él. No algo como que ha ido allí tras discutir con su familia, si no algo como que no quiere hablar de ello, como que la pregunta que había hecho no debñia haber sido formulada...

Era una especie de conexión que no se da normalmente. En el patio del colegio o en la calle de la ciudad no era posible, pero allí... en mitad de la naturaleza viva, dolidos ambos había una especie de comunicación más allá de las palabras. Ella ha sufrido. Él también, aunque menos. Ambos se encierran sobre si mismos, incapaces de decir nada al respecto o querer hacerlo pues confesar, contar, revelar a otra persona era revelar no solo lo ocurrido si no lo que hay detras, como son interiormente y ambos son celosos de ello. Lo saben mutuamente.

Al igual que mutuamente saben que en esos casos hablar en bueno, compartir el dolor lo mitiga, hace ver nuevas soluciones. Y sin embargo es un riesgo. O a lo mejor no hay motivo. Simplemente son cosas que se guardan, sin saber por qué.

Era complicado. Tenía la sensación de que empezaría a dolerle lac abeza si seguía pensando en ello y escucha a Epiphany hablar. Tenía una voz bonita. Intentaba explicarlo sin hacerlo, algo complicado, pero él escuchó.
Sin darse cuenta, sin pensar, tomó la mano de Epiphany entre las suyas, siguiendo las lineas de las palmas con un dedo, mientras ella terminaba de hablar.

-Suena doloroso. Es un hermoso sacrificio, aún así. Dejar que te hieran por proteger a alguien, quedar a mercer de un monstruo por ello... -las palabras brotan, incoscientes, sin ser pensadas-. Ojala pudiera darte una solución... solo puedo alabarte y pensar que quizá aquel al que proteges no necesita protección. Puede que me equivoque. No lo sé -admitió. Acariciando la palma de su mano, mirando sus dedos, parecía una especie de pitonisa adivinandole el futuro. Otra cosa es que lo hiciera bien.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Epiphany J. Murray el Sáb Nov 07, 2009 5:45 pm

Ella también siente esa conexión silenciosa entre ambos, como si los dos supieran que están ahí por motivos dolorosos pero ninguno fuese a contarlos a fondo. Tampoco es necesario, con la conexión sirve... Y todo ha sido ahí, en ese lugar en el que muchas vidas se terminan, o muchas parejas se dejan llevar por la pasión, lejos de la civilización, lejos de los barrotes de oro de esa jaula que es el St. Mary... Solo de ese modo podía suceder.

Cuando él toma su pequeña mano, ella reacciona pegando un pequeño respingo, tensándose toda... Le pilla por sorpresa y, además, después de lo que le sucedió no es una sorpresa del todo agradable. La caricia hace que se tense más, aunque mantenga unos segundos la mano, los segundos en los que él habla, mientras le mira fijamente, atendiendo a sus palabras... Sí, es otra forma de verlo pero... Lo que le hicieron a ella es demasiado grave, cruel, y doloroso como para creerse que Edward no podría sufrirlo si ella no permanece alejada de él
.

-Nunca lo había visto como algo admirable, la verdad... Aquella persona me transformó en una zorra, que no se merecía ya a aquel por el que se dejó transformar -Explica en un susurro- Y fue de un modo demasiado peligroso, que deja ver que esa persona tiene mucho poder, como para permitirme arriesgarme a que todo el sacrificio haya sido en vano acercándome a quien quiero y pudiendo hacer que peligre... -Retira la mano finalmente: le pone demasiado nerviosa que alguien le acaricie tan cerca de donde la manga oculta cortes.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Allan 'Mephisto' Cohen el Dom Nov 08, 2009 4:23 pm

Se eprcata de pronto de que el cuerpo de la joven de cabellos oscuros está tensado, alerta, como si esperara que él fuera a hacerle algo malo. De modo que sus dedos se detienen, instintivamente, al percatarse de que no debería haber hecho lo hecho, de que era un error.
Ella retiró la mano antes de que él pudiera hacerlo y no la culpó. Esbozó una sonrisa trémula a modo de disculpa, algo dudosa.

-Todo depende de cómo se mire -comentó con voz suave al oir sus cripticas palabras. Desearía preguntarle los detalles, pero sabe que ella no se los daría de modo que guarda silencio, dejándola hablar. Querría darle un consejo, uno bueno, pero no se le ocurre ninguno. Quizá sabiendo más... pero tampoco. La herida de Epiphany parecía muy profunda-. Pero todo lo has hecho para proteger a esa persona... sigue honrándote como eprsona. Deberías estar orgullosa de eso: actualmente muy pocos son capaces siquiera de dar un dolar por otra persona -no puede cambiar los hechos, que le hayan hecho algo horrible y que ella se considere indigna de la otra persona (¿un chico? No recordaba si tenía novio), pero podía intentar que viera que el sacrificio que había ehcho, fuera cual fuera, si era por algo bueno la convertía en una buena persona.

Intentó imaginarse qué podría haber pasado, pero no se le ocurría nada que pudiera ser plausible o que encajase con sus palabras. Seguramente no lograría imaginarselo aunque quisiera. ¿Qué importancia tenían entonces sus peleas con su familia al lado de aquella joven? Él no había cambiado, ella sí, toda ella parecía más oscura, más triste, como un cielo de otoño gris.

-Lo siento mucho -[i]dijo incoscientemente. A veces, sobre todo cerca de la naturaleza, lejos del St. Mary y lo que odiaba, dejaba de pensar en sus palabras, y aquel era uno de esos momentos. Él no le había hecho nada a ella, y una disculpa no tenía sentido. ¿por qué había dicho eso entonces? Quizá para intentar ayudarla, quizá simplemente para que ella supiera que sentía el dolor que emanaba.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Epiphany J. Murray el Dom Nov 08, 2009 5:28 pm

Ni si quira las palabras de ese joven, pese a que suenen sinceras y profundas, pueden paliar el dolor que la recorre por dentro, naciendo en lo más profundo de su mancillada alma y siendo tan potente, que le parece que este recorre sus venas, como acido en vez de sangre, amenazando con hacerlas estallar... Y quizá desee que sea así, puesto que todo terminaría de forma rápida e indolora, liberándola del sufrimiento y haciendo que por fin se sienta en paz.

Suspira, para si misma... No, esa no es la solución, por mucho que lo haya intentado alguna vez. Pero no puede conseguir tampoco que las palabras de él le hagan dejar de verse como una zorra, pese a que sus actos hayan sido por una buena causa... La presión psicológica a la que fue sometida ha creado un trauma demasiado fuerte, demasiado como para que simples palabras puedan bastar como cura. De hecho su cura tiene un nombre, el de aquella persona a la que no podrá volver a ver y por quien se sacrificó.

La disculpa de Mephisto la devuelve a la realidad, sacudiéndola... ¿Qué lo siente? ¿¡QUÉ LO SIENTE!? Nadie puede sentir ese dolor, solo ella. Nadie puede tener idea de lo que... ¡Maldita sea! Se siente tan consternada, tan asustada de que alguien pueda estar apunto de llegar a lo más profundo de su ser, ahora dolorido, otra vez, que no puede evitar levantarse de golpe, con la necesidad de huír:


-Yo... -Se muerde el labio inferior, mirando a todas partes- ...tengo que irme, lo siento -Y, sin darle tiempo a que conteste, echa a correr, perdiéndose entre los árboles, lejos del mar que podría haber sido su tumba y del joven que podría haber atravesado su coraza de dolor.

No quiere que la historia se repita, mejor escapar del comienzo a llegar al nudo y propiciar un desenlace que no soportaría volver a vivir.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Allan 'Mephisto' Cohen el Dom Nov 08, 2009 5:45 pm

La mira a los ojos largamente, aunque ella parecía no verle, perdida en su propio mundo, en sus pensamientos. Iba en el buen camino entonces. A veces la solución, la cura, no llega de manos ajenas, solo de nuestro intentior. Lo que los demás puedne ahcer es ayudarnos a llegar hasta ese interior, iluminar el camino, pero el camino debe hacerlo la persona, no los demás.

Le sobresalta de pronto que ella se levantase tan furiosamente, mirandole de aquella forma. Él la mira de nuevo, sin dars ecuenta de que a su alrededor el aire empieza a resultar frío. La contempla y no sabría decir qué ve en ella. Quizá ni ella misma supiera cómo se sentía, en cuyo caso para él era directamente imposible...

Intenta decir algo cuando ella se excusa de aquella forma. Se levanta del suelo torpemtente, aunque ella ya había empezado a correr hacia la foresta. Por un momento piensa en seguirla, podía atraparla: correr se le daba bien, pero en el último momento duda y ella se pierde entre los árboles.

A veces se necesita estar solo, pensó. Había sido aquel pensamiento el que le había detenido.

Se quedó mirando el lugar por el cual la chica había desaparecido y, en silencio, le desea lo mejor, que arreglase lo que quisiera que hubiera ocurrido... cierra los ojos y vuelve a tumabrse sobre la hierba, un rato, antes de irse cuando empezaba a formarse nubes de tormenta ne el cielo.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Elisabeth M. Gray el Jue Dic 17, 2009 11:35 pm

Los pasos resonaban por el lugar, crujiendo las hojas al verse pisadas por las deportivas usadas de Liz.
La muchacha se subió sobre una de las piedras, escaldándola con cierta dificultad hasta alcanzar su cumbre y sentarse con las piernas colgando y moviéndolas a un ritmo inaudible que solo se reflejaba en sus ojos brillantes como las estrellas que decoraban el firmamento.
Apoyando las palmas de sus manos sobre la piedra y levantando la barbilla se quedó la muchacha embobada con la belleza de la luna que iluminaba con un leve resplandor las suaves olas del mar que rompían contra la costa en un susurro de espuma entrelazado con el aullido leve del viento que azotaba los cabellos de la chica mulata
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Re: Los acantilados

Mensaje  Alexander Tessier el Vie Dic 18, 2009 12:21 am

[Había salido de casa de Karen con el ego y orgullo algo heridos por lo que acababa de suceder necesita despejar mi mente pues estaba llena de pensamientos ideas que por el momento no me hacían sentido, encamine el auto donde encontré a aquel simpático Mago llamado Salem, en mis rostro se dibujo una sonrisa al evocar su recuerdo

El auto de Alexander se estaciono cerca de los acantilados, baje del auto mi cabello se alborotaba con la brisa marina la cual aumentaba mientras me dirigía para ver la hermosa luna que se ponía, caminaba con paso vacilante hasta que llegue donde existían unas rocas, por un momento me encontré absorte con la luna, hasta que decidí sacar de mi chamarra un cigarrillo el cual coloque en mi boca para después prenderlo con un caja de cerillos, le di una calada fuerte y voltee hacia unas piedras que se encontraban cerca de mi y pude vislumbrar una hermosa figura de Ebano que al igual que yo disfrutaba de la luna.

Su piel lucia hermosa a la luz de la luna me acerque, y mis botas hicieron crujir las hojas que había en el camino, aun con el cigarrillo en la boca guarde el mechero en mis vaqueros, me encontraba ya bastante cerca de la chica para que me pudiera oír a pesar del viento y el sonido de las olas rompiendo en las piedras

-Linda noche no- ? ... le mire fijamente para después voltearme y seguir mirando hacia la luna, mientras le daba otra calada al cigarrillo.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Elisabeth M. Gray el Vie Dic 18, 2009 6:54 pm

Liz se giró hacia la voz, parpadeando con cierta confusión dado el anodamiento causado por estar observando con tanto detenimiento la bóveda celeste.
Tardó unos instantes más de la cuenta en almacenar toda la información en su mente hasta que, mientras la sonrisa se fue curvando en sus labios, asintió lentamente.
- Preciosa- comentó la muchacha arrastrando ligeramente la palabra mientras volvía a girar su rostro hacía el cielo y sus ojos brillaban por el mero hecho de que las estrellas se reflejaban en el chocolate de su mirada.

De golpe se giró, mirando al muchacho de nuevo al rostro y entornando con ligereza su mirada
- Me suena tu rostro...- murmuró la muchacha en un hilo de voz, como tratando de comprender donde le había visto
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Re: Los acantilados

Mensaje  Alexander Tessier el Sáb Dic 19, 2009 6:03 pm

Al igual que yo la chica contemplaba, la hermosa la luna nos envolvía con su brillo y la brisa despeinaba tanto su cabello como el mío, la chica de ébano me había dado entrada confirmado lo obvio pero era demasiado hermoso como para no decirlo a los 4 vientos, poco a poco las emociones encontradas que sentía con relación a lo que había pasado con Karen iban desapareciendo para dar paso a ver un lindo anochecer en conjunto de una dama bastante bella y cuya mirada destellaba por el fulgor de la luna

Senti su mirar y antes de desviar mi mirada del hermoso paisaje le dio una calada mas al cigarrillo, voltee el rostro para encontrarme con un rostro apacible y bello, escuchando sus palabras con atención

-Quizás me haya visto en el distrito de Whitestone Valley, reparando autos tal vez, ahí está el taller mecánico de mi familia, el colegio o quizás en alguna fiesta, - al decir esto último una breve sonrisa se dibujo en mi rostro.

-Perdone la rudeza de mi parte, linda señorita y permítame presentarme mi nombre es Alexander, y que hace una doncella en este lugar, también tiene cosas en que pensar-

Esta ciudad era distinta de cómo había creído al parecer cada rincón de ella estaba lleno de alguna hermosa mujer, ahora entendía por qué mi abuelo evocaba recuerdos de esta ciudad con nostalgia y alegría.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Elisabeth M. Gray el Sáb Dic 19, 2009 10:40 pm

La muchacha curvó sus labios en una sonrisa dulce, acomodándose para contemplar el rostro del chico pudiendo echar ojeadas también a la luna llena que coronaba el cielo proclamándose dueña de la noche.
Escuchó con atención sus palabras, quizás llevaba razón: vivían por lo visto en el mismo lugar y, no sabía porqué, tenía la sensación ella de que debían ir al mismo colegio.
Sonrió de nuevo, ahora ensanchando el gesto mientras asentía con lentitud y asimilando la información.
Se le antojaba incluso extraña tanta educación, la costumbre de estar con Joe empezaba a crispar sus nervios a la par que los relajaba, aunque eso segundo no era algo muy seguro. El muchacho, en cambio, se veía dotado de buenos modales y facilidad de habla, dulzura y encanto en su propia voz.
Liz no tardó en sentirse envuelta en la melodía de las palabras del chico.
- Elisabeth- respondió ella con sencillez - Aunque es más habitual que me llamen Liz- se encogió de hombros ante su segunda pregunta, no tenía ni siquiera ella la respuesta - Me apetecía caminar, mirar un rato la luna y oler el mar- fue su contestación, con la que trató de abarcar lo imposible: sensaciones que embellecen el corazón y causan un revuelo en el cuerpo, un escalofrío que recorre toda la espalda y se filtran por cada vértebra de la columna, qeu se aposentan en cada músculo y lo tensan y relajan a la par, que vibran y suben por el rostro de una evitando que se borre el gesto de placidez de él, haciendo que en los ojos de quien lo observa se lea plenitud y encanto, que en ellos se refleje la belleza de un espectáculo indescriptible .
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Re: Los acantilados

Mensaje  Alexander Tessier el Dom Dic 20, 2009 2:19 am

Parte de mi historia había salido a la luz en aquella explicación, que surgió cuando a la chica mi rostro se le hizo familiar, se mostraba ante la luz como una chica taciturna y dulce que lo único que deseaba era perderse en sus propios recuerdos observando aquel paisaje donde cielo y tierra se unían de una forma especial

Observe con atención su sonrisa y fue cuando puede percatarme de que no solamente la luna iluminaba la noche, escuche con atención su nombre y puse atención en sus movimientos ante la segunda pregunta,, fue cuando me di cuenta de que la dama de ébano no tenía un fin especifico para estar en aquel lugar solamente se había dejado llevar por el camino hasta que llego a ese hermoso paisaje que ahora ambos disfrutamos, al parecer en su respuesta sonaba un eco de querer trasmitir las distintas sensaciones que le provocaba a ella, ya que su tono de voz era ensoñador y melódico

Volví a darle una calada al cigarrillo y pude darme cuenta de que ya no observaba el paisaje si no le miraba a los ojos para hablarle

-Mucho gusto Liz, creí que era el único loco por aquí que le encantaba observar esto, es agradable saber que no lo estoy y que cuando menos no soy el único que se ensueña mirando la luna-

Una sonrisa breve apareció en mi rostro para desaparecer y mirarle nuevamente

-Perdona yo haciendo conversación y quizás quieras estas sola-

Regrese mi mirada al paisaje por si la respuesta de aquella bella adolescente era que si, deseaba aspirar algo de la brisa marina y perderme en aquel momento para no pensar en el presente, sobre todo en la situación grave de mi abuelo…

Sin pensarlo si quiera me lleve la mano a mi hombro derecho donde estaba tatuado el emblema de mi familia
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Re: Los acantilados

Mensaje  Elisabeth M. Gray el Dom Dic 20, 2009 8:16 pm

La muchacha negó con la cabeza, era un espectáculo que disfrutaba de mirar cada noche, esta no tenía nada de especial aparte de las sensaciones que despertaba cada vez en su pecho, sensaciones indescriptibles en palabras: ni siquiera con gestos, o miradas podrían llegar a explicar una milésima parte de lo que a Elisabeth le ocurría cuando presenciaba dichas noches.
- Ya somos dos locos- respondió con una sonrisa sincera- Cuando en un día a día no recibes nada más que golpes, agradeces de corazón ver las estrellas por la noche, ayuda a relajarse, a evadirse, a perderse en los sueños de uno y olvidar la realidad: no es sano, pero es hermoso- prosiguió la muchacha levantando la barbilla para reiterar sus palabras, clavando su mirada en la oscuridad punteada de luces del cielo.

- Además, el mar me abstrae- casi recordaba como si hubiese sido el día anterior la noche en la que acudió a la playa con tanta mala suerte de cruzarse con Joe cabreado y verse a si misma privada de su momento de máxima relajación por culpa de los vaivenes de la personalidad del extraño chico del suburbio. Su intención, después de ese baño de agua tibia, había sido tumbarse para mirar la luna, que esa noche era apenas un destello bajo algunas nubes grises que se movían formando dibujos abstractos y dinámicos, había sido recordar a su hermano, había sido pensar en como sería su vida si ella fuese una estrella más: pero no había podido hacerlo
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Re: Los acantilados

Mensaje  Alexander Tessier el Lun Dic 21, 2009 4:45 pm

Liz negó con la cabeza mi cuestionamiento sobre si interrumpía algún momento de meditación, consigo misma mientras puede denotar como la respiración de ella era mas profunda como si aquel paisaje le hiciera evocar o sentir algo indescriptible que las palabras poco alcanzan pero se veían reflejadas en la chispa de su mirada y en lo relajado de su cuerpo.

Devolví su sonrisa asintiendo con la cabeza y sonriendo de la misma forma, mi alma se sentía apacible ante el hecho de que no era el único que disfrutaba de aquello, mis cabellos se empezaron a alborotar por la brisa, le di la ultima calada al cigarrillo para apagarlo en mi bota, del bolsillo de mi pantalón saque una bolsa de plástico y tire la colilla ahí, posteriormente guarde aquel paquete de nuevo en el bolsillo de mi chaqueta negra.

-Espero que los golpes no hallan sido demasiado rudos y con ello espero a que halla sido que vos halla tenido un mal día, por que no puedo creer que alguien ose atentar con una mujer tan bella como vos-

Al hablar de lo duro de la vida. Deje de ver a la dulce muchacha y mire a de nuevo hacia la luna recordé por un momento que mi abuelo aun seguía grave en el hospital y que muy probable lo único que poseía de familia se terminaría, en mi mirada se dibujo un pequeño destello de nostalgia mismo que fue iluminado por la luna, corte el pensamiento pues no era cortes ni prudente adéntrame en uno mismo y menos cuando se esta con una persona

-Sueños… -dibuje una media sonrisa en mi rostro- -No creo que sea dañino perderse en ellos, ellos alimentan las esperanzas de la vida misma, además es bello contemplar como la luna hace una danza silenciosa con las estrellas invitando a tener una calida platica como esta si vos me permite decirlo bella dama-

Clave un mi mirada en ella para darme cuenta que en verdad se estaba dejando llevar por el paisaje y por el ruido de las olas del mar rompiendo en los acantilados, mientras su cabellos ondeaban al viento...
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Re: Los acantilados

Mensaje  Elisabeth M. Gray el Mar Dic 22, 2009 12:56 am

Elisabeth sacudió la cabeza con lentitud cuando el chico respondió, viendo el malentendido que había incitado ella por una incorrección en su vocabulario.
Se tomó su tiempo, colocándose un mechón de cabello oscuro como la misma noche tras su oreja, antes de responder al muchacho.
- Golpes en sentido metafórico- explicó clavando su mirada en el horizonte borroso- Palabras, gestos, susurros, hechos, incoherencias, olvidos, pensamientos, miradas y, sobretodo, recuerdos. - puntualizó permitiéndose pronunciar cada palabra puntualizando cada uno de sus acentos, vocalizando cada una de sus letras y tanteando en sus labios cada uno de sus significados distintos.

Pero restó toda importancia uqe había imprimido al hablar encogiéndose de hombros.
- No les culpo a quién lo hacen, no saben hacer otra cosa para sentirse ellos mejores- musitó devolviendo la tranquilidad a su rostro y apartándolo para mirar de nuevo al recién conocido, viéndose de nuevo su mirada limpia.

La mirada que ella sintió borrosa esta vez fue la del educado muchacho, cuyos ojos turbios parecían reflejar recuerdos dolorosos, momentos que seguían palpitantes tras sus retinas por tiempo que él gastara en tratar de retirarlos o restarles importancia.
De golpe, una punzada de culpabilidad arremetió contra el pecho de la joven.
- ¿Acaso estoy tratando un tema no debido?- preguntó con cierto miedo empapando sus palabras. Jamás querría incomodar a una persona cuya intención era disfrutar de una noche de luna llena, y menos conociendo ella esa misma sensación.

Rió de buena gana al escuchar sus palabras
- "La posibilidad de cumplir un sueño es lo que hace que la vida sea interesante"- citó las palabras del autor del Alquimista, el no poco conocido Paolo Cohelo- ¿Cree usted en esta máxima?- la chica sonrió, ella sí lo hacía.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Alexander Tessier el Mar Dic 22, 2009 4:26 pm

Oí las palabras de aquellas hermosa chica mirando a la luna, y fue cuando comprendí que quizás lo poético no era solamente de mi persona, al parecer había encontrado a alguien que compartía los mismos gustos que yo o cuando menos con la misma pasión que yo tenia, observe con atención como se tomaba su tiempo para acomodar un mechón de su cabello detrás de su oreja y admire su hermoso perfil a la luz de la luna, su mirada era profunda con un inmenso mar

-Los recuerdos son los que hacen a una persona lo que es, pues en ellos pude verse lo que ha crecido una persona y los diferentes caminos que esta ha tomado que como bien decís en sentido metafórico los llamados golpes del destino- me percate que en esos momentos que había dejado de ver el paisaje y le miraba con dulzura

Me miraba con tranquilidad y sus palabras me envolvieron, al decirme que no culpaba a aquellas personas que no hacían las cosas de manera correcta, asentí de nuevo con la cabeza en señal de afirmación con lo que acaba de decir

Percibió de forma inmediata como mis ojos se habían dibujado destellos de momentos algo dolorosos en mi vida- Una dama como vos jamás trataría un tema no debido y no se preocupe no me incomoda- le comente aquello pues pude leer en su mirada cierto temor, precaución y prudencia por lo que pudiera responder –Digamos que la única familia que tengo y la luz que emana de esta, esta por extinguirse, mi abuelo esta grave en el hospital-

Escuche su risa –Sabes tu sonrisa puede iluminar igual que esta luna, y al igual que tu creo en esa máxima, no solo hace la vida interesante, la hace desafiante pues en la búsqueda de materializar se inicia un viaje y mientras mas grande sea el sueño, mucho mas enorme sera la satisfacción de haberlo cumplido

La manera de expresarse de esta linda chica era pausada y pronto me había dado cuenta de que hablábamos como dos viejos enamorados que se hubieran encontrado al pasar de los años, la brisa empujo con un poco de mas fuerza, haciendo que mis ropas se replegaran, al sentir ello no pude evitar cerrar los ojos y sentir el viento, mientras me quitaba la chaqueta y la depositaba en el suelo, sintiendo el enorme poder de la naturaleza...
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Re: Los acantilados

Mensaje  Elisabeth M. Gray el Mar Dic 22, 2009 6:29 pm

La muchacha se humedeció los labios, pensativa
- Quizás, pero a su vez forjan un carácter, no siempre correcto, y muchas veces no son motivo de orgullo, puesto a que dejan una herida y esta no sana- replicó con suavidad, encogiéndose de hombros

No era necesario entrar en detalles, lo más seguro es que cualquier persona tuviese esos momentos en sus recuerdos, momentos que tardaban su tiempo en surgir de los cajones de la mente, momentos que siempre restaban escondidos en la oscuridad y surgían sin aviso alguno apuñalando el corazón de quien los cobijaba, momentos que jamás serían bienvenidos y uno anhelaba olvidar.

Apoyó una mano en su pecho, justo sobre el corazón, cuando explicó su causa y bajó ligeramente la cabeza. Más que nadie, ella comprendía lo que se sentía cuando el núcleo de una familia se iba deshilando como los bajos de un pantalón, como una carrera en unas medias: alejándose poco a poco cada uno de los focos de calor que comprendían su vida.
- Lo siento- murmuró apenada- Hablé más de la cuenta- se disculpó- Sé lo que es y no querría jamás obligar a alguien a sumirse en dichos sentimientos, mejor movernos a otro tema- terminó con un atisbo de sonrisa, una sonrisa que intentaba ser alentadora, como las sonrisas que le había dedicado su hermano cuando había cambiado de colegio, antes de desaparecer día tras día para sus entrenamientos.

De no haber sido mulata, su piel se hubiese tornado carmín ante dicho cumplido. Lo aceptó sintiendo sus mejillas arder y agradeciéndolo con un gesto de cabeza.
- Un sueño es un propósito ideal, no siempre posible pero siempre anhelado- murmuró repitiendo las palabras de su infancia- Un sueño es el retrato de familia que resta sobre la mesita de noche, un sueño son los momentos que vivimos junto al personaje de un libro, un sueño es cada vez que tu mirada se cruza con una estrella fugaz...- podría seguir citando sueños, pero ese peculiar modo de contar ovejas para dormir de su niñez podría alargarse tanto como imaginación tuviese quien lo desarrollaba.

- Pero al cumplirlo, de no tener otro tras el cual ir, te sientes perdido

Le contempló mientras se despojaba de su chaqueta, la camiseta que vestía marcaba apenas el cuerpo del chico, pero suficiente como para que Liz entreviese unos músculos trabajados.
Interiormente se preguntó que deporte debía ser el que había formado su cuerpo

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Re: Los acantilados

Mensaje  Alexander Tessier el Miér Dic 23, 2009 4:24 pm

Mientras cerraba los ojos y disfrutaba de la hermosa brisa que soplaba en esos momentos, mi oído escuchaba con atención las palabras de la hermosa mulata con lo cual compartía de aquello noche que se había vuelto especial, hice una respiración profunda ante antes de abrir los ojos y voltearme hacia ella, le mire dulcemente para humedecer mis labios y responderle

-No tienes por que sentirlo, soy yo quien he querido compartirlo con vos, así como es necesario fraguar los sueños en realidades, es necesario que el corazón se desahoga de otra forma podría matar una esperanza o dejar que uno dejara de soñar, descuida no has hecho nada imprudente, todo lo contrario gracias por esta aquí en esta hermosa noche y escucharme

Acepto mi cumplido con delicadeza y gentileza y volvió con el tema de lo sueños, sonreí tímidamente ante sus palabras y el miraba con curiosidad, fue cuando pude percatarme de lo elegante y la belleza del tono de su piel así como de su perfectos labios delineados y una mirada que destellaba cada vez que hablaba

-Un sueño es la esperanza, es la vida misma desplegando sus alas, es la pasión y la locura en una envoltura que pude recordarte la inocencia o la mirada de un niño cuando ve un pequeño felino o abrazo conoce algo por primera vez, es lo mantiene el corazón joven y el alma llena de vida pero sobre todo es lo que nos permite seguir adelante-

Decidí acercarme a ella para poder apreciarle un poco mas, y admirar la vista desde el punto donde ella lo estaba viendo, la luna era intoxicante y verdad me estaba haciendo caer en un sopor poético que pocas veces había experimentado, me hizo sentir que no estaba solo de nuevo y que en esta loca ciudad de modelos y sigilos una dama de piel color canela entendía las sutiles formas de las palabras y lo maravilloso de contemplar algo hermoso

-Siempre hay que conservar sueños, pero que no es parte de la vida estar perdido algunas veces para después encontrar el camino, eso es lo que nos define como seres que pueden evolucionar y trascender aunque claro no todos lo logran pero ahí estaremos personas como nosotros para recordarle quien son y lo que han aprendido-

Termine de acércame a ella y me acomodo junto a ella para contemplar la vista, su perfume y mi loción invadieron el ambiente confundiendo con las estrellas,, mi cabeza miraba hacia arriba para verlas y me quede absorto mirándolas como si de un niño se tratara descubriendo cosas nuevas.
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Re: Los acantilados

Mensaje  Elisabeth M. Gray el Miér Dic 23, 2009 8:40 pm

La muchacha esbozó un atisbo de sonrisa al escucharle, parecía dispuesto a afrontar por si mismo cualquier fantasma que se asomase en su vida y expulsarlo de esta sin olvidarle, teniéndole siempre en frente y en cuenta.
- Noble por tu parte- respondió la chica, apoyando el codo sobre la rodilla y su barbilla en la palma de su mano, ladeando de ese modo la cabeza y dejando que una cortina de cabello del color del carbón se derramara sobre uno solo de sus hombros- Me alegra poder ayudar

Escuchó, soñadora, las palabras de Alexander.
Escondían verdades, cierto, pero también ensoñaciones en las que ella misma caía demasiadas veces, escondían secretos y esperanzas. Y eso fue lo que trató de expresar tan bien como fue capaz
- Pero al igual que la mirada de un niño, rápidamente se ven desilusionados muchas veces. Muchas veces creemos ver tan solo una cara de lo que buscamos para después descubrir que hay más de una, que las verdades que creíamos inamovibles se desmoronan como viejas piedras dejando nuestra visión hecha ruinas. - dejó unos instantes de silencio para después reír distraídamente- Qué pesimistas suenan mis argumentos, casi parece que quiera contradecir los tuyos; no creas eso, por favor. A veces hablo más de la cuenta.

No tardó en moverse ligeramente, dejando más espacio para que el chico pudiese acomodarse en su misma roca, roca que brindaba una visión panorámica del mar, entre la espuma del cual se reflejaban brillantes puntos de estrellas y un conjunto de serpenteantes formas que delineaban la luna.

- Es habitual perderse, e incluso normal y lógico, pero no por ello cómodo: la sensación de desamparo es dolorosa y confusa. Encontrar un sueño no es siquiera voluntario, no elegimos que sueño seguir, son como las estrellas- dijo señalando el firmamento - no te das cuenta de cual eliges mirar, es algo que hace tu subconsciente sin ninguna razón lógica: no siempre es la más brillante, ni la más grande, ni la más cercana a la luna, ni la más parecida a nuestro astro sol, es una elección totalmente aleatoria y muchas veces desconocida.

Clavó su mirada en la luna
- Y ahí reside su belleza
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