Leonard 'Leon' Heinemann

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Leonard 'Leon' Heinemann

Mensaje  Leon Heinemann el Dom Sep 27, 2009 4:09 pm

Nombre: Leonard 'Leon' Aamon Heinemann.

Edad: 17 años.

Sexo: Masculino.

Barrio en el que reside: Golden Hills.

Colegio en el que estudia: St. Mary, sin beca. Además, es delegado de clase.

Descripción física: Alto (1'83), y aún le queda por crecer. Espaldas anchas, delgado pero de músculos marcados y buena forma física dada la asiduidad con la que practica deporte. Cabello ensortijado de un rubio muy claro, piel blanca; rasgos afilados y bien cincelados como el mármol: nariz recta, labios carnosos y ojos almendrados de un chocante gris perlino que en ocasiones, con la luz, parece blanco nacar. No tiene piercings ni tatuajes visibles, pero posee en torno al pecho un curioso mapa de cicatrices que componen la imagen de un perfecto escorpión con la cola al aire. Viste de un modo muy elegante o, como lo llamarían en los suburbios, pijo: rolez, anillos, chaquetas, americanas, camisas y calzado de las más marcas más renombradas, pero siempre le otorga a su atuendo un toque informal y juvenil que acrecenta un halo rebelde; excepto en las fiestas de etiqueta de la alta sociedad: entonces su vestimenta es impoluta.

Imágenes: (1), (2), (3), (4)

Descripción psicológica: De apariencia silenciosa, meditabunda, enigmática, indescifrable y, en esencia, fría. De cara a la alta sociedad es el perfecto hijo y un admirable caballero a pesar de su corta edad: modales exquisitos, labia envidiable, gélido magnetismo. La educación de un señorito de gran reputación, aunque, sin embargo, guarnecida con cierta desgana, como si no le importase realmente ser educado o esté convencido de su poder de atracción; y lejos de regalarle una mala fama, ese hecho solo le ha añadido a su atractivo la coletilla de "modesto y discreto". Pero hay algo que inquieta en él... tal vez la displicencia cruel que en ocasiones dejan ver sus pupilas, o las medias sonrisas impregnadas de sarcasmo oscuro, o su don para ser un actor de teatro aterrador... porque es, en efecto, un perfecto embaucador que utiliza sus modales como inquebrantable fachada: una máscara, solo legible apenas a través de sus comentarios de palabras en apariencia dulces, pero envenenadas como colmillos de serpiente horadando el corazón e inyectando un veneno lento, pero seguro. Sus susurros son el eco de una malignidad atroz, aunque se trata de un arma sutil empleada solo en público...

...porque lo que esconde su alma es aún más terrible. Es superdotado, un cerebro privilegiado esconde tantas virtudes como condenas y él es el ejemplo perfecto: porque tenemos bajo esa máscara un cúmulo explosivo de corrosivo odio. Odio, odio, odio y rencor hacia el mundo plastificado que le rodea, y que genera en él malsana envidia, ansia de poder y control o retorcida necesidad de hacer daño por el mero placer de hacerlo. Es una decadencia alimentada por una represión necesaria que le envenena y le mata por dentro, liberada a base de crueldad, salvajes fiestas, sexo sucio, orgías, drogas, tabaco, alcohol, mero placer ante la contemplación del sufrimiento ajeno... atracción morbosa por el mal, en definitiva, o por traspasar los límites de la moralidad humana por la simple necesidad vital de sentirse vivo. Es aquella una faceta retadora, de bestial rebeldía, que le impulsa a tratar a las mujeres como putas y a sus supuestos amigos como rebaño multiusos, peones en su juego personal y solitario. Sobretodo solitario... Todo eso constituye la definición completa de su anhelo destructivo por desafiar unas normas que desprecia y aborrece hasta la nausea.

Ese odio tiene su origen en una infancia fría y dura a expensas de una madre ególatra y un padre que desconocía el significado de compasión; él le grabó a fuego una filosofía ineludible: la única ley que rige es la del más fuerte. Los fuertes viven, los débiles son escoria presta a ser eliminada. Temeroso de su destino y deseando sobrevivir, el pequeño Leon entró de lleno en el juego y se convirtió en un maestro: él no sería escoria. Su malvivir es una forma tortuosa de llenar su vacío interno, de llegar a experimentar emociones reales o, al menos, la carcasa de las reales... porque Leonard no siente: ante una escena emotiva no llorará, ante una muerte no sufrirá... el mundo es un teatro de marionetas ajeno a él mismo y, aunque le complace utilizar esa insensibilidad como arma, a veces le consume tanto que busca cualquier vía para vomitar ese no-sentir. No importa lo impúdica y retorcida que sea.

Historia breve del personaje:

Procedente de una familia alemana de gran prestigio internacional. Su padre, Adelbert Liebheart, fue un gran accionista y renombrado empresario, y siendo solo un joven licenciado asentó las bases de lo que se convertiría en toda una multinacional: Industrias Liebheart, especializada en nuevas tecnologías informáticas. Su creación le hizo multimillonario, y fue en plena racha cuando contrajo matrimonio con la joven Anna Förtner, muchacha de buena cuna y competente en el campo del diseño de moda; la unión de aquellas dos celebridades aceleró una fama ya de por sí extensa. De la unión nació Leon, marcado para siempre por ser tanto primogénito como hijo único: sobre sus pequeños hombros de recién nacido cargaba ya el destino de la empresa, que heredaría en un futuro sin tener opción a escoger. Lo que recuerda el joven hijo de su infancia es un secreto a voces, pero corren los rumores de que, más que relación padre e hijo, aquella podía definirse de profesor y discípulo. Y el maestro no era precisamente benévolo en sus castigos...

Quince años más tarde, una efímera crisis tocó y hundió las acciones de Industrias Liebheart: la empresa quebró de forma lenta y progresiva, aumentando deudas y números rojos que Herr Adelbert, con desesperada astucia, supo ocultarle a su familia; no obstante, cuando la situación se hizo insostenible cargó a su esposa con el cargo de nueva directiva y desapareció sin dejar rastro y sin dar explicaciones. Una semana después su corbata fue encontrada atada a un matorral al filo de un acantilado en la roca Lorelei, junto al Rin; y con ella, enterrada entre la espesura, una nota de suicidio. Presumiblemente el señor Liebheart se suicidó lanzándose por el precipicio, y así quedó como hecho oficial; sin embargo, su cadaver nunca fue encontrado ni en los alrededores ni en las profundidades del río. Aquello sumió en una depresión a Frau Anna, empeorada por las deudas recién descubiertas y legadas por su esposo, y afectó profundamente a Leon. Muchos dicen que el muchacho sufrió su pérdida en silencio... lo que en realidad no saben es que su tormento, en realidad, venía dado porque no pudo destruír a su padre con sus propias manos.

No pasaron ni tres meses del funeral oficial cuando su madre volvió a contraer matrimonio, esta vez con un importante empresario del sextor financiero: Lamar Heinemann; y movido él por el prestigio social que le otorgaría una familia como los Liebheart, no podía rechazar. La señora Anna, por su parte, aprovechó la unión para saldar el asfixiante cúmulo de deudas ocultas tras su buen nombre, y cambio de forma ogicial su apellido y el de su hijo por el de su nuevo padrastro: Heinemann. Los gustos obscenos de Herr Lamar no le pasaban desapercibidos al avispado Leonard, viendo día sí y día también cómo hacía desfilar a su madre frente a la prensa casi como su ramera de lujo particular, degustando su cuerpo cada noche o obligándole a él a escuchar los gritos y gemidos de aquella que lo engendró. Pero lejos de odiarle a él, comenzó a desarrollar un odio corrosivo, colérico y burlón hacia ella, considerándola poco más que una zorra que disfruta con su nuevo destino.

Desde entonces Leon se ha dedicado a continuar con su inestable y siniestra vida: alumno perfecto, hijo perfecto, figura social perfecta, vida perfecta... y, cada vez esforzándose menos por ocultarlas, fiestas salvajes en las que las palabras "bacanal" y "obscenidad" están a la orden del día.

Otros:

· Entre sus diversos gustos tenemos la atracción hacia los reptiles y animales de dudosa reputación como mascota (tiene una pitón en su habitación y una vidriera con tarántulas y escorpiones); la lectura y el estudio constante (es capaz de quedarse noches enteras encerrado en la biblioteca de la mansión, con un cúmulo de libros polvorientos leídos en tiempo record); le fascina la filosofía del Marqués de Sade, es un erudito de casi cualquier tema y destaca especialmente en los juegos de estrategia, habiendo ganado a los quince años un campeonato europeo de jóvenes promesas del ajedrez. Su buena educación también le ha llevado a estudiar en el conservatorio y sabe tocar el piano y el cello, aunque como músico se queda en aceptable. Es miembro de la prensa escolar y escribe en la sección de opinión de cuando en cuando; sus artículos tienden a generar en el St. Mary pequeñas y apasionadas modas en las que sus palabras se convierten en Ley Universal. También es buen deportista y destaca sobretodo en tenis, aunque también le gusta la natación.

· El poder monetario de su familia ha llevado ha permitirles poseer varias mansiones además de la principal sede de Berlín. La segunda está en esta misma ciudad y tienen al menos cinco viviendas más repartidas por europa como casa de veraneo. También yates, ranchos y se dice que incluso la posesión de una pequeña isla en algún lugar cálido.

· Aparte de tabaco y alcohol la coca es su íntima amiga, además de otras sustancias. No se arrepiente de sus adicciones y disfruta de las sensaciones vividas.

· Los rumores cuentan que él mismo se hizo el sangrante tatuaje de su pecho.
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Leon Heinemann
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